Categoría: Opinión

  • «ENSÉÑANOS A ORAR»

    «ENSÉÑANOS A ORAR»

    ✍Opinión.-

    «ENSÉÑANOS A ORAR» (Lc. 11,1-13)

    Manuel Velázquez Martín -Párroco-

    En la vida ordinaria, todos tenemos adquiridos unos hábitos de ciertas cosas que repetimos regularmente: vamos a trabajar, comemos, leemos, hacemos deporte, paseamos con los amigos…

    Del mismo modo, en el evangelio queda constancia de cómo Jesús picapedrero, además de hacer otras cosas, tenía el hábito de pasar largas horas orando en el silencio de la noche…

    Lo cual impactó de tal manera a alguno de sus discípulos que le pidió que nos enseñara a nosotros a hacer lo mismo: «Enséñanos a orar»

    Y gracias a esta propuesta, hemos aprendido de Jesús que la oración no es un remiendo ni un añadido… no es algo mágico que responda a formulas secretas… sino una actitud de silencio interior que puede ir desplegando en nosotros, la hermosa profundidad de nuestra vida…

    El silencio no es un vacío, sino un espacio fértil donde se puede sintonizar con la vida, con el fluir de la creación y escuchar la voz de Dios…

    Hemos aprendido que el punto de arranque de nuestra oración debe ser siempre la realidad de nuestra vida cotidiana, con sus conflictos, sus alegrías y sus grandes contradicciones…

    Orar no consiste pues, en huir de nuestros problemas ni desentendernos del mundo… sino todo lo contrario, la oración nos ofrece la capacidad de: cargar con la realidad, desentrañar su sentido y afrontarla con valor…

    También hemos descubierto que nuestra oración no se puede convertir en un dispensario de favores donde nos presentamos ante Dios para decirle: «necesito esto» o «me corre prisa lo otro»…

    Ciertamente que en la oración venimos a expresar nuestra indigencia y a pedir lo que necesitamos… pero siendo conscientes de que nuestra relación con Dios ha de pasar siempre por el desconcierto y por el asombro… de quien sabe muy bien lo que nos conviene y lo que verdaderamente necesitamos… y está dispuesto a dar su Espíritu a quien se lo pida.

    Por eso, Jesús no nos enseña a rezar con muchas palabras…

    En realidad él nos enseñó una sola palabra: Padre – Madre (dirigida a Dios) y una petición convertida en grito: «¡Venga a nosotros tu Reino!»

    Y, a propósito de este grito, me parece conveniente señalar que la palabra «reino» está bastante desfasada… y como no quisiéramos que la Iglesia sea identificada, una vez más, con un triste pasado de obispos guerreros, príncipes de la Iglesia o Estados Pontificios… hoy, que deseamos verla renovada, quizás debiéramos decir, para que todos lo entiendan, que lo que pedimos en la oración que Jesús nos enseñó es que este mundo sea «según Dios lo pensó».

    Que se haga su voluntad en este mundo como se hace en el cielo.

    O lo que es lo mismo: que la gente sea feliz… que no falte a nadie el pan de trigo, de cebada, de mijo, de maíz o de frijoles… ni ese otro pan que da Vida plena y con sentido… y, sobre todo, que el amor sea la única y la mejor forma de relacionarnos y de perdonarnos, como Dios lo hace con todos y con cada uno de nosotros…

    Y para que realmente este mundo sea posible, tenemos que añadir que no nos deje caer en la tentación del poder, el orgullo o la vanagloria.

  • ALGO MÁS QUE PALABRAS

    ALGO MÁS QUE PALABRAS

    ✍Opinión.-

    LA CULTURA DEL CUIDADO; COMO HORIZONTE DE TRANQUILIDAD

    “El amor auténtico jamás envejece; y, aunque nuestro físico se vaya deteriorando, el pulso interior se renueva en cada amanecer. Esto implica, activar el acompañamiento y no dejar a nadie en el camino de la dejadez”

    Víctor Corcoba -Escritor-

    El ser humano cada vez requiere más del humano ser; pues, aunque el alimento es necesario, hay alientos como el amor y los miramientos que son imprescindibles, para reencontrarnos y salir de la tristeza. Indudablemente, la atención entre nosotros es esencial para cada filiación y cada comunidad. Precisamente, la revolución consiste en visibilizarlo, valorizarlo e invertir, ya no sólo en entendernos, incluso en atendernos mutuamente. No olvidemos jamás, que, si decimos que el asistido es un derecho humano, significa que todos los gobiernos, con sus respectivas instituciones, deben brindar apoyo total. Desde luego, es fundamental, hacernos cargo los unos de los otros e igualmente de la creación, para construir y reconstruirnos en una sociedad sustentada en relaciones de fraternidad.

    Avivar el culto de la estima por el análogo, es la mejor vía para la concordia, además de erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que es lo que suele prevalecer hoy en día. Por consiguiente, cultivar la custodia de la propia existencia y de nuestras relaciones, es inseparable para generar atmósferas armónicas que nos harán, cuando menos individuos más comprensivos con el alivio de todas las necesidades humanas. Porque, la persona, debe significar en nuestra vida comunión y comunidad, no individualismo; también inclusión y no exclusión, ya que todos los miembros tienen la misma dignidad. De este decoro o decencia derivan los derechos humanos, al igual que las obligaciones, recordándonos la responsabilidad de acoger y amparar.

    Por desgracia, nuestras sociedades en sus diversos entornos se están acostumbrando, con demasiada frecuencia, a dejar que una parte tan importante y rica de su tejido social, como pueden ser nuestros mayores y niños, sea marginada y olvidada. Frente a esta situación, es justo un cambio de mentalidad, que refrende un hacer conjunto más responsable. El amor auténtico jamás envejece; y, aunque nuestro físico se vaya deteriorando, el pulso interior se renueva en cada amanecer. Esto implica, activar el acompañamiento y no dejar a nadie en el camino de la dejadez. Al fin y al cabo, todos vamos en la misma barca, en la que estamos llamados a remar juntos, porque nadie se salva por sí mismo. Tampoco ningún país aislado puede asegurar el bien común a su gente.

    El horizonte de la tranquilidad lo injerta un espíritu más adherido, de auténtica pasión por el similar, no como un sentimiento indeciso, sino como una determinación firme y perseverante; que, por supuesto, nos ayudará a encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos, o existimos en apoyo continuo. A veces pienso, que nuestra mayor enfermedad, radica en no sentirse querido por su parentela, desamparado y sin vigilancia por parte de nadie. No vayamos contra el soplo innato que hace de nosotros algo único, comenzando por quererse uno a sí mismo para poder querer a los demás. Tengamos corazón; y, en lugar de mirar al abismo, donde nos veremos cómo aberración, tomemos la cumbre del mejor deseo, el del afecto, con la brújula reconciliadora del verbo.

    Asimismo, hay que tomar como lenguaje en esa cultura del abrazo sincero, el respeto al derecho humanitario, especialmente en este momento en que los conflictos y las guerras no cesan. Cuidado con no cuidar este cuidado. Se destrozan todos los vínculos, las gentes se ven obligadas a huir, dejando atrás no sólo sus hogares; sino, de igual forma, la historia natural y la raíz ilustrativa. Esto es nefasto, la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad, donde se aprende uno a reprenderse, viviendo en relación y desviviéndose por auxiliarse entre sí. En efecto, es esta preocupación conjunta, de aceptación entre análogos, lo que nos hace crecer hacia un nuevo horizonte de luz y paz. La sapiencia del velado, sin duda, es la lingüística del alma.

  • Motril abre la puerta a la gran distribución: una medida que amenaza al pequeño comercio y a los mercados municipales

    Motril abre la puerta a la gran distribución: una medida que amenaza al pequeño comercio y a los mercados municipales

    📨Cartas al director.-

    Motril abre la puerta a la gran distribución: una medida que amenaza al pequeño comercio y a los mercados municipales

    Vista parcial de la ciudad de Motril (Foto: Paulino Martínez)

    A partir de hoy, Motril entra oficialmente en el listado de municipios andaluces reconocidos como Zona de Gran Afluencia Turística (ZGAT). Esta declaración, impulsada por el Ayuntamiento y aprobada por la Junta de Andalucía, permite la apertura de comercios durante domingos y festivos entre el 21 de julio y el 30 de septiembre. Sin embargo, lo que se ha presentado como un impulso turístico y económico encierra riesgos profundos para el tejido comercial tradicional, y especialmente para los mercados municipales, verdaderos pulmones del

    comercio local.

    Una ventaja desequilibrada para las grandes superficies

    La entrada en vigor de la ZGAT facilita que las grandes cadenas comerciales y supermercados amplíen sus horarios, concentrando aún más las ventas y

    desplazando al pequeño comercio. Estos negocios familiares, muchas veces gestionados por autónomos sin plantilla, no pueden competir ni en horarios ni en recursos con las grandes superficies, que ya disfrutan de ventajas fiscales, logísticas y tecnológicas.

    La apertura en festivos se convierte así en una amenaza directa para miles de comerciantes locales que sostienen la vida económica y social de los barrios.

    El golpe silencioso a los mercados municipales

    Uno de los efectos más preocupantes de esta medida recae sobre los mercados municipales de Motril. Tradicionalmente, el sábado ha sido el día fuerte de ventas para pescaderos, carniceros, fruteros y otros pequeños puestos que dependen del volumen del fin de semana. Sin embargo, con la posibilidad de comprar en

    grandes superficies los domingos, muchos consumidores aplazan sus compras, afectando directamente la facturación del sábado en los mercados de abastos.

    Esta modificación en los hábitos de consumo no solo erosiona la rentabilidad de los puestos municipales, sino que pone en peligro su viabilidad a medio plazo, amenazando con vaciar unos espacios que son parte de la identidad cultural y social de la ciudad.

    Silencio institucional y falta de oposición política

    Cuesta entender cómo el Ayuntamiento de Motril, conocedor de la delicada situación del comercio local, ha solicitado esta declaración sin realizar una consulta pública ni presentar un estudio de impacto. Más llamativo aún es el

    mutismo de los partidos de la oposición, que no han formulado alegaciones ni han mostrado objeción alguna a la medida. La falta de respuesta política y social deja desprotegido a un sector que lleva años reclamando ayudas, no liberalizaciones

    que lo asfixien.

    ¿Más turismo o menos ciudad?

    El argumento de la «afluencia turística» no puede justificar decisiones que

    desmantelan progresivamente el comercio de proximidad. Motril no necesita más festivos con centros comerciales abiertos, sino inversión pública para fortalecer el tejido comercial de sus barrios, modernizar los mercados municipales y proteger a quienes generan empleo estable, directo y de cercanía.

    ¿Qué ciudad queremos construir?

    Mientras las luces de las grandes superficies brillan los domingos, las persianas

    del comercio tradicional y los puestos de mercado podrían apagarse para siempre. La ciudadanía, las asociaciones vecinales y los propios comerciantes deben levantar la voz: ¿queremos una Motril para las franquicias o para su gente?

    Motril, 21 de julio de 2025

    Por Carlos Romero

  • EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

    EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

    ✍Antonio Gómez Romera

    Domingo, 20 de julio de 2025

    En el LXXVIII aniversario del nacimiento de Carlos Santana

    Carlos Santana.

    Carlos Santana es el maestro indiscutible de la guitarra y la fusión latina. Su trayectoria musical va desde sus orígenes mexicanos y la explosión en el San Francisco hippie de finales de la década de 1960 y principios de los 70, hasta su consagración como artista superventas a nivel internacional, con un nuevo resurgir en la década de 1990, cristalizado en el exitoso álbum “Supernatural” (1999).

    Hoy, domingo, 20 de julio, festividad de San Elías, profeta conocido por desafiar la idolatría del rey Acab y anunciar una sequía como castigo (siglo IX a.C.), en la que ya es vigésimo novena semana de 2025, se cumplen 78 años (domingo, 1947) del nacimiento en Autlàn de Navarro (Jalisco, México) de Carlos Humberto Santana Barragán.

    Carlos Santana y Déborah en 1971.

    Breves notas biográficas

    Hijo de José Santana Meza (1913 – 1997) y Josefina Barragán Corona (1921 – 2009). Carlos recuerda con sus propias palabras como su gran ídolo fue su padre y como hereda de él su espíritu musical: “Mi papá era músico. Y mi primer recuerdo de él fue verlo tocar música y observar el impacto que tenía en la gente; era el niño mimado de nuestro pueblo. Yo anhelaba ese carisma que tenía mi papá. Lo adoraba por su porte, su forma de vestir y su olor, una combinación de piel, colonia y un poco de sudor. Sabía que tenía un gran magnetismo. Mi papá fue mi influencia musical por completo. Ser músico no era lo que quería hacer, era lo que quería ser. Quería ser adorado como él”.

    Carlos se cría en Tijuana, ciudad a la que su familia se traslada en 1955. Allí es introducido en la música tradicional por su padre, violinista profesional de mariachi de la banda “Los Cardinales”. Su padre los puso a él y a sus hermanos a trabajar, vendiendo chicles en la calle, lustrando zapatos y, más tarde, cantando canciones populares mexicanas. De adolescente aprende a tocar la trompeta y el violín y tras una gira que realiza su padre por el Estado de California, le trae como regalo una guitarra Gibson.

    En 1960 su familia se muda a San Francisco (California, EEUU), donde tiene la oportunidad de conocer y vivir la escena musical emergente. Con catorce años, en 1961, se matricula en una escuela para aprender inglés y empieza a tocar en bares y en bandas locales. Pronto se interesa por B. B. King (1925 – 2015), “el Rey del Blues”, John Lee Hooker (1912 – 2001) y T-Bone Walker (1910 – 1975). Influenciado por el músico Ritchie Valens (1941 – 1959), cuya vida trató la película “La Bamba”, para la que el propio Santana compuso junto a Miles Goodman (1948 – 1996) la banda sonora en 1987. Se gradúa en la James Lick Middle School y, en 1965, en la Mission High School. Es aceptado en la Universidad Estatal de California, Northridge, y también en la Universidad

    Carlos Santana recibiendo un Premio Grammy.

    Estatal de Humboldt, aunque opta por no asistir a ninguna. Ese mismo año se convierte en ciudadano estadounidense.

    Con 19 años, en la primavera de 1967, los médicos le diagnostican una tuberculosis. Pasa 3 meses en el Hospital General de San Francisco, recibiendo tratamientos regulares con penicilina y después con estreptomicina. Trabaja con un tutor para terminar la educación secundaria y se gradúa mientras está hospitalizado. Tras acabar el instituto en octubre de 1966, funda la “Santana Blues Band”, junto al teclista y vocalista Gregg Rolie (1947), el bajista David Brown (1947 – 2000), Tom Frazier a la guitarra rítmica y Rod Harper en la batería.

    Actuación de Carlos Santana en la Gala de entrega de los Premios Grammy.

    En mayo de 1968 aparece la primera banda multiétnica estable, formada por David Brown, Gregg Rolie, José “Chepito” Areas (1946), Mike Carabello (1947) y Michael Shrieve (1949), con presentaciones históricas en el Auditorio Fillmore West y otros lugares legendarios con su fusión de blues, rock, ritmos afrocubanos y latinos. La banda irrumpe en el escenario musical mundial con un épico espectáculo en el Festival de Música y Arte de Woodstock (15 al 18 de agosto de 1969 – Bethel, Nueva York), gracias al que Santana, músico entonces desconocido, se convierte en uno de los guitarristas más célebres de la época. Llegará a ser comparado con Jimi Hendrix, la gran estrella del cartel del mítico “Woodstock Music and Art Fair”, que reúne, además, a grandes figuras de la época como Janis Joplin (1943 – 1970), Joan Baez (1941), Jefferson Airplane y The Who, gracias a la arrolladora interpretación de “Soul Sacrifice”, señalada como uno de los grandes momentos del festival. Y, 4 días después, el 22 agosto 1969, lanzan su álbum debut homónimo, “Santana” (CBS – CS 9781). Este disco supone el primer éxito “Top 10” de Santana y su canción “Evil Ways” permanece en la lista de álbumes de Billboard durante dos años. Poco después, llegan dos álbumes más que alcanzan el número 1 en Billboard; “Abraxas” (23 septiembre 1970), con el que obtiene el primer puesto en las listas estadounidenses durante seis semanas y más de un millón de copias vendidas,  y “Santana 3” (12 noviembre 1971). Carlos conoce a Deborah King (1951), activista por la paz y la justicia social, hija del guitarrista de R&B y blues Rey Saunders (1909 – 2000). Lo hace a principios de 1972, en un concierto de Tower of Power en el Centro Cívico de San Rafael.

    Carlos -Santana y sus tres hijos.

    Llega la fama y el duro trabajo de las giras, hasta que el 11 de octubre de 1972, con la publicación de su álbum “Caravanserai”, comienza su incursión en la espiritualidad y el misticismo, animado por el guitarrista John McLaughlin (1942): “deberías dejar el alcohol y las drogas y usar la música y la poesía como un camino para honrar a la divinidad”.  Bajo la guía espiritual del gurú bengalí Sri Chinmoy (1931 – 2007) adopta el nombre “Devadip”, “el ojo, la lámpara de la luz de Dios” (1972 – 1981), y sigue un régimen estricto: nada de drogas, relajación a las 5 de la madrugada y comidas sólo vegetarianas.

    Carlos y Deborah contraen matrimonio en Oakland (California) el 20 de abril de 1973 y tienen tres hijos, Salvador, Stela y Angélica. El matrimonio Santana sobrevive a los altibajos de los 70, los 80 y el resurgimiento de la banda Santana a finales de los 90. Socios en los negocios y en la vida, abren una pequeña cadena de restaurantes mexicanos, fundan una organización benéfica llamada “Fundación Milagro”. Pero en 1994, Deborah reestructura y salva las finanzas familiares; «probablemente sería un vagabundo si no fuera por ella», declara a la revista “Rolling Stone” en el año 2000. Carlos publicará al margen de su banda los discos “Love Devotion Surrender” (julio 1973) y luego “Illuminations” (septiembre 1974).

    En 1975, hace ya 50 años, cuando comencé mis estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada y vivía en la Residencia de los Carmelitas sita en la calle Martínez de la Rosa, me compré en el “Bazar Linde”, hoy, “Festival Discos”, de la calle Príncipe, nº 7, entre la plaza del Carmen y plaza Bib-Rambla, el LP de Santana “Abraxas”, que me encanta, sobre todo los temas “Oye como va” y “Black magic woman” y que aún conservo.

    En 1999, treinta años después de su arrollador paso por Woodstock, lanza “Supernatural” disco en el que se rodea de músicos como Dave Matthews (1967), Everlast (1969), Rob Thomas (1972), Lauryn Hill (1075), Cee-Lo (1975), Maná, Eagle Eye Cherry (1968) y Eric Clapton (1945), logrando un trabajo superventas que es premiado con 15 discos de platino en los Estados Unidos y nueve premios Grammy y tres Grammy Latino, entre ellos, los galardones a grabación del año y canción del año por “Smooth”, junto a Rob Thomas, y el reconocimiento al mejor álbum del año. Carlos toca en la clausura de los actos de entrega de los Grammys con una hermosa guitarra PRS construida específicamente para él por el luthier Paul Reed Smith (1956), hoy conocido como “El Stradivari de la guitarra eléctrica”.

    Carlos Santana y Cindy Blackmann.

    Pero Carlos, no siempre fue un esposo fiel. Tras la publicación de las memorias de Deborah, «Espacio entre las estrellas – Mi viaje hacia un corazón abierto» (2005), se descubren sus infidelidades, de las que Carlos se disculpó públicamente con su esposa e hijos. Sin embargo, dos años después, el 19 de octubre de 2007, Deborah solicita el divorcio alegando «diferencias irreconciliables» tras 34 años de matrimonio. Tres años después, en 2010, durante un concierto en Chicago, tras el solo de batería que protagoniza Cindy Blackman, Carlos se dirige a ella y le pregunta: «Cindy, ¿quieres casarte conmigo?», a lo que Cindy responde con un «sí» y un beso muy celebrado por el público asistente al concierto. .

    En 2016, Carlos se reúne con los antiguos miembros de la banda: Gregg Rolie, Michael Carabello, Michael Shrieve y Neil Schon, para grabar el álbum “Santana IV”, dando inicio a una breve gira. En marzo de 2020, el “Miraculous World Tour” de Santana es cancelado debido a la crisis del COVID-19. En diciembre de 2021 se somete a una cirugía cardíaca y el 5 de julio de 2022 sufre una emergencia médica tras desmayarse en el escenario durante un concierto en el Pine Knob Music Theatre, en Míchigan.

    El miércoles, 27 de septiembre de 2023, es el estreno mundial de “Carlos. La Historia de Santana”, un documental realizado por el director Rudy Valdez, que comienza con el propio Carlos Santana formulando una pregunta: “¿Crees en la magia?”. Y, a partir de ahí, se desprende una aventura musical que va desde sus años de formación en Tijuana, México, su formidable actuación en Woodstock, sus incesantes e innumerables giras y su inmersión en la espiritualidad, culminando con su multipremiado álbum “Supernatural” de 1999.

    Cartel del documental sobre Carlos Santana.

    Colofón

    Carlos Santana lleva seis décadas demostrando ser uno de los mejores guitarristas de la historia del rock: acreditado por la revista “Rolling Stone” en su lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos (18 septiembre 2003 – Santana ocupa el puesto nº 15), y como lo atestigua su larga carrera de éxitos. Tiene su propia línea de calzado, Carlos by Carlos Santana. Una parte de las ganancias de las ventas se dona a la “Fundación Milagro”, cuya finalidad principal es dar a todos los niños un acceso completo al cuidado de la salud, la educación y el arte, y que fue fundada por Carlos y su familia en 1998.

    YOUTUBE

    ● Santana – Soul Sacrifice 1969 Woodstock live concierto HQ – GuitarDocs

    ● ‘Festival Discos’, la tienda de música más antigua de España con más de 40 años de historia – Granadadigital.

    ● CARLOS | Official Full Length Trailer (2023) – Sony Pictures Classics

  • CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS (ALBUÑOL)

    CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS (ALBUÑOL)

    ✍Texto y Fotos: Valeriano Morales González

    Excursión organizada y explicada por los arqueólogos de la excavación de la cueva, apoyados por el Ayuntamiento de Albuñol

    Valeriano Morales González.

    El viernes 11 de julio, visitamos las Cuevas de los Murciélagos. Nos esperaba Francisco Martínez Sevilla, de la Universidad de Alcalá de Henares. Es el arqueólogo que nos acompañará y guiará en esta trepidante aventura. Salimos a las 8:30h de la plaza de San Andrés. Caminando, la mayoría. Algunos, en coche hasta un tramo antes de llegar a la cueva. La mañana es un poco fresca, el aire viene de poniente y se camina bien. Iniciamos la marcha por la Avenida de Andalucía para salir de Albuñol. Tomamos la Rambla de las Angosturas. Al otro lado, se ve un camino empinado, que lleva a una pequeña geoda dentro de una antigua mina.

    La Rambla de las Angosturas, es un inmenso barranco con una superficie de arena y piedras. No se ve el agua pero en su interior la lleva. En este tramo final, no es como un río con riberas frondosas y agua refrescante. Parece un desierto, con paredes con cuevas entre las rocas. Cuando llueve mucho, el agua baja con fuerza, descontrolada y puede hacer daño.

    Al llegar al molino abandonado de las Arcas, torcemos a mano izquierda para coger la Cuesta de las Cenáfricas. Al principio es muy empinada y «cuesta». En este entorno hay muchos invernaderos. Se nota el verano y, el campo está seco y pobre; algún almendro mantiene las hojas verdes.

    Llegamos al entorno de la cueva, un hermoso campo lleno de matas de alcaparras y almendros. Por un camino que han marcado los arqueólogos nos dirigimos a la cueva, que en su día llevarían los mineros. Las vistas son impresionantes, las Ramblas de las Angosturas, precipicios sobre la roca cortante.

    Aquí están los arqueólogos con los arneses y los cascos, nos ayudan a ponerlos. Tenemos que pasar por un paso muy peligroso. Nos ayudan y nos explican cómo utilizar los mosquetones de los arneses para engancharlos en el cable y agarrarse de la cuerda. Pasado este tramo hay un senderillo hasta la cueva. Ya relajados disfrutamos de las vistas tan espectaculares entramos en el inicio de la cueva.

    Cuando estamos todos. El arqueólogo jefe Francisco Martínez Sevilla. Nos va explicando todo lo relacionada con la Cueva de los Murciélago: su descubrimiento, la datación, los restos encontrados, etc… Nos dice que es de la zona de Guadix pero, que está en la Universidad de Alcalá de Henares y es el encargado de la actualización del estudio de la Cueva.

    Nos cuenta: la Cueva de los Murciélagos es una cueva excepcional en toda la península y posiblemente en toda Europa. Una de las pocas que se conservan los materiales orgánicos de las sociedades de la Prehistoria: huesos, cestos, sandalias, pieles, cuerdas…cosas que en otros yacimientos arqueológicos no se conservan.

    Características que tiene la cueva, sea posiblemente por una temperatura y humedad estable, que hace que los materiales orgánicos se conserven. Lo que más destaca es el esparto.

    Se descubre por primera vez en el siglo XIX 1831 un paisano que vivía cerca, en las tierras de alrededor. Decide abrir la puerta que estaba llena de zarzas y abre camino para meter el ganado. Sobre 1857 se hace la primera explotación minera, buscando plomo, empiezan a barrenar en el interior de la cueva y aparece cuerpos semi-momificados y materiales arqueológicos que descubrirá Góngora. Es tal la cantidad de materiales que descubren, que llega a oídas de D. Manuel de Góngora y Martínez primer Decano de Filosofía y letras de la Universidad de Granada. Le dicen que en Albuñol están apareciendo restos Prehistóricos y se viene para acá ha hacer una exploración. Él está por aquel entonces escribiendo un libro que será uno de los referentes de la Arqueología de la Península Ibérica: (Antigüedades Prehistóricas de Andalucía) y dedica un capítulo muy interesante a, que es lo que encuentra en LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. Describe que la explotación minera no funciona porque no había vetas de plomo pero, si había guano (mierda de murciélago), que entonces era muy apreciado como fertilizante. Dedicaron una serie de pasillos, movieron mucho la cueva, pasillos que conectaban donde los murciélagos dormían y cagaban. Recogían ese guano y lo procesaban en las pilas hechas de barro y cal, (mezcladas con agua decantaban el salitre). Cuando viene aquí Góngora describe asombrado y perplejo, «que el filete de la cueva, una caldera el fuego está siendo avivado con restos de cestillos, de huesos humanos»… -Los arqueólogos han encontrado en superficie restos quemados de cestillos-, etc. Esos materiales los recoge Góngora: cestillos, sandalias, cerámica… Escribe este libro. Años después se funda el Museo Arqueológico Nacional y esos materiales se le compran a los familiares de Góngora, para formar parte de los primeros fondos fundacionales… Esos materiales están en el Museo arqueológico Nacional y en el Museo Arqueológico de Granada.

    La cueva fue ocupada en el Paleolítico por cazadores recolectores y en el Neolítico como lugar de enterramiento. 14.000 años de ocupación: caracoles, pescado, ciervo, jabalí, conejo, era la base de la alimentación. Utilizan resina de abedul y tendones para la fabricación de arcos. Se ha encontrado un resto de pintura, pero al no estar publicado el estudio no han querido decirnos donde se encuentra. A la entrada de la cueva hay unos muros sobre unos huecos. En estos huecos se decantaba el guano para obtener el nitrato en el siglo XIX. Piscinas para la obtención del abono.

    En el 2021 solicitan un proyecto de reestudiar los materiales de la Cueva de los Murciélagos. La Comunidad de Madrid le da una subvención a la Universidad de Alcalá de Henares. Reestudio de los materiales y después plantean las excavaciones a los últimos cuatro años.

    De lo que han encontrado en las excavaciones, no han publicado nada. Todo lo que han publicado es la parte del Museo Arqueológico Nacional. De lo que se ha dicho, que los yacimientos de la Cueva de los Murciélagos es del Neolítico, (pues, no). El conjunto de cestillos mejor conservados – no era Neolítico, sino que era MESOLÍTICO. Estudios con hisopos para saber la climatología de la época, se sabe que había enebro, sabina,…al ser un clima más frío que el actual.

    Han ido sacando piedras y rescatando materiales que se estaban deteriorando. Algunos fragmentos de tejidos son muy pequeñitos, porque están degradados. Los arqueólogos han encontrado un fragmento de una sandalia hace pocos días… «Escribo desde la distancia de los siglos, viendo las ruinas, el desprecio, el destrozo de aquel legado, de los murciélagos cagones… Me imagino a los pobladores de esta cueva. Quizá, era una sociedad que se respetaban, compartían la caza y los frutos de los árboles. Se curaban con plantas del bosque. Quizá, uno ó una de sus miembros pintaba en la pared a los animales vistos durante el día. Al despertarse saldrían a la puerta de la cueva a desperezarse y de paso dar gracias al sol que nacía nuevamente por el Levante.

    Me imagino el entorno lleno de animales, muchos agresivo, otros amables con ganas de colaborar con los humanos. Pensarían en los misterios de la vida y la muerte, en algo o alguien que diera sentido. Un dios por descubrir por inventar. Tomarían el fresco, despedirian al sol y, sentados en círculo frente al anciano sabio, les escucharían las aventuras vividas… y sin palabras, se irían a dormir rascándose la espalda unos a otros…

    «En algún lugar entre el fondo y la cima…»

    «Mientras cicatrizo mis miedos y me enfrento al reto de emprender una travesía a pie por senderos vacíos y olvidados. Donde solo se oyen ecos, ecos apagados de lo que una vez fue y donde la fuerza espiritual se convierte en luz al final del túnel. Descubriendo la Eternidad de los instantes y la desnudez del alma».

    «El camino por la naturaleza te conecta con lo esencial: el aire puro, el sol en el rostro y, la paz en el corazón».

    «El senderismo es como una danza con la tierra, donde cada movimiento te acerca más a la belleza del mundo».

    ¿Dónde están aquellos seres, los murciélagos que cagaron tanto? ¿Donde tantas generaciones de cagones…? Donde las plantas que abonaron?

    «Nosotros, los de antaño, ya no somos los mismos…» P. N.

    «Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando…» J. R. G.

  • ALGO MÁS QUE PALABRAS

    ALGO MÁS QUE PALABRAS

    ✍Opinión.-

    EL DESARROLLO HUMANO; EN NUESTRO ESPACIO Y EN NUESTRO TIEMPO. “Es preciso agrupar cultos y culturas en un enfoque inclusivo y resistir los estímulos del individualismo y el nacionalismo, demasiado frecuentes en la población actual”

    Víctor Corcoba -Escritor-

    Todo está interrelacionado, también las diversas crisis, lo que nos demanda visiones universalistas y acciones concretas de revisión y de renovación, lo que requiere esfuerzos de entendimiento y comprensión, de manera confiada más que resignada. Con el desarrollo sostenible en riesgo, los aranceles masivos y otras medidas restrictivas, podrían tener un impacto catastrófico, puesto que el comercio se vuelve impredecible; a lo que hay que sumarle los grandiosos flujos migratorios o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra. Indudablemente, la falta de respeto de los derechos humanos y la irresponsabilidad manifiesta de algunos gobiernos, genera una desolación tremenda que hay que regenerar cuanto antes.

    El mundo es un volcán en efervescencia, sacudido por las desigualdades, el caos climático y los conflictos. La financiación es el motor del desarrollo y, en este momento, el motor está fallando. Hemos de cambiar de rumbo, movilizando recursos para invertir en el futuro que queremos construir unidos, estableciendo un sistema fiscal global más equitativo. Lamentablemente, hay corrupción e ilegalidad en el comportamiento de sujetos económicos y políticos, lo que genera una podredumbre en el acontecer diario, que nos está dejando a la deriva. Sin duda, los diversos Estados, se hallan con el deber de afrontar estas tremendas situaciones, desde la acción colectiva y la reacción transformadora, en defensa del compromiso de la comunidad internacional con el multilateralismo.

    Ningún país puede resolver nada por sí solo, ya que los meros acuerdos de gran alcance van más allá de un territorio específico. Nos hemos globalizado y tenemos que trabajar juntos, por un planeta más de todos y de nadie en particular, lo que nos demanda a movilizarnos conjuntamente en la apertura a la vida, centro del verdadero desarrollo, pues el ser humano es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica-social. El aluvión de hechos violentos, nos frenan e impiden la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y anímico. Ojalá tengamos la fuerza moral de no permanecer indiferentes, ni pasivos, ante realidades que nos esclavizan y nos vuelven inhumanos a más no poder.

    El buen hacer deportivo, así como las diversas realizaciones artísticas y creativas o la misma actividad física, tienen el poder de cambiar las percepciones, los prejuicios y los comportamientos, así como de inspirar a las personas, derribar las barreras raciales y políticas, luchar contra la discriminación y aflojar los conflictos. Cualquier instante o cualquier espacio será de avance, en la medida que contribuya a favorecer la oportunidad de realizar el propio adelanto. Ahora bien, sin desarrollo sostenible tampoco nos habitará la concordia. De ahí, la necesidad de recuperar la conciencia de un destino común. Por ello, es preciso agrupar cultos y culturas en un enfoque inclusivo y resistir los estímulos del individualismo y el nacionalismo, demasiado frecuentes en la población actual.

    Sea como fuere, vivimos un momento de aguda volatilidad en las relaciones internacionales, en el que la guerra moderna crea un panorama frágil y desgarrador marcado por un agudo sufrimiento humano. Por ello, hablar de humanidad y de generosidad, significa además hacerse eco del espíritu constitutivo de las Naciones Unidas, su cima armónica y fraterna. Armonizar las políticas económicas con las políticas sociales, es imprescindible. Nuestro hábitat mundial debe hermanarnos, con políticas más poéticas y de servicio donante, fortaleciendo los valores democráticos y el respeto hacia toda existencia. Únicamente, de este modo, abrazaremos un desarrollo integral e integrador, que exige ineludibles valores éticos y no solamente acertadas decisiones económicas.

  • SE CUMPLEN 60 AÑOS DE LA APERTURA DEL INSTITUTO LABORAL

    SE CUMPLEN 60 AÑOS DE LA APERTURA DEL INSTITUTO LABORAL

    📨Cartas al director.-

    SE CUMPLEN 60 AÑOS DE LA APERTURA DEL INSTITUTO LABORAL

    (INTRAHISTORIA DE UN NACIMIENTO)

    Un grupo de exalumnos de la primera y de la segunda promoción del IES «Julio Rodríguez» ––las que cursaron aquel Bachillerato Técnico de siete años y dos Reválidas que se extinguía con ellos–– ha celebrado el pasado 9 de julio la efemérides que conmemora el 60.º aniversario de la apertura de dicho centro educativo, el primero que abrió sus puertas en nuestra ciudad en el otoño de 1965, en lo que fue un verdadero hito en la historia educativa y cultural de nuestra ciudad. Visitaron las instalaciones de su recordado instituto, siendo recibidos por su actual director, José María Pérez Hens ––también exalumno del centro––, quien les hizo de cicerone y les dirigió unas bellas palabras.

    Pero el Instituto Laboral no surgió de un milagro. Tampoco brotó por generación espontánea, aunque llegara a Motril como caído del cielo. No nació, desde luego, de una loable iniciativa del Ministerio de Educación y Ciencia, consciente de las necesidades educativas de esta comarca de la Costa granadina en la que no había un solo centro de enseñanza media público donde los jóvenes pudieran estudiar el Bachillerato bien entrados los años sesenta. No, el instituto surgió ––aunque ya no lo recuerde mucha gente–– de una iniciativa privada, del impulso de un entusiasta y filantrópico grupo humano con afán y espíritu de servicio a la sociedad. Una iniciativa que iba dirigida a una comunidad, la motrileña, que presentaba todavía numerosas carencias y necesidades de todo tipo hacia primeros y mediados de los años sesenta. Ese visionario grupo de hombres había adquirido unos terrenos de secano sembrados de almendros al norte de la ciudad ––en el entorno de lo que hoy sería la calle Ancha––, con la intención de cederlos a la Administración local al objeto de financiar a muy bajo coste la construcción de grupos de casas para la clase obrera, una necesidad perentoria por aquellos años. Dichos terrenos habían sido comprados gracias al dinero obtenido tenazmente a través de una colecta y de una campaña radiofónica a la que titularon: «Motrileño, contamos contigo». Y ese grupo de personas avaló también, por si fuera poco, con su firma, la cantidad necesaria que restaba para la adquisición de dichas fincas rústicas. Una campaña realizada, como digo, a través de las ondas de Radio Juventud de Motril, una emisora perteneciente a Falange, no conviene olvidarlo. La revolución social y cultural motrileña que se estaba gestando de forma encubierta y todavía latente, la que cambiaría de una vez por todas la historia cultural y educativa de esta ciudad, vino, pues, desde dentro. Del corazón mismo del sistema. ¡Lo que son las cosas! Y esos hombres bienintencionados decidieron ceder al Estado una parte de dichos terrenos ––unos diez mil metros cuadrados–– para la construcción del instituto. De una forma completamente desinteresada y gratuita. Esta decisión trajo consigo la oposición de algunos sectores del pueblo, como más adelante veremos. Habida cuenta que la inmensa mayoría de esas personas ––de esos auténticos protagonistas–– ya no viven y no pueden contar las vicisitudes y los sinsabores que tuvieron que soportar con dicha iniciativa, pese al entusiasmo y a la generosidad que ello implicaba, es necesario que alguien haga saber a las generaciones actuales y futuras aquella pequeña gran gesta de este impagable grupo de personas y evoque, aunque solo sea brevemente, cómo surgió, cómo fueron los orígenes y el nacimiento del primer instituto de enseñanza media de nuestra ciudad: el Instituto Laboral. Es de obligada justicia hacerlo. Y ese es el motivo principal de esta carta.

    Para empezar, el instituto había sido prometido a Motril a principios del siglo XX y todavía, bien entrados los años sesenta, aún no era una realidad tangible. Otras ciudades andaluzas de similares características y de parecida población a la nuestra ––Cabra, Úbeda, Baeza, Antequera, Guadix, Baza, por citar solo unas cuantas–– ya disfrutaban de alguno desde hacía mucho tiempo. Algunas de ellas, incluso desde hacía décadas. También sabemos, por lo que nos contaron los protagonistas que vivieron la gestación y la apertura del centro y que participaron en la redacción del libro que conmemoraba el 25.º aniversario en 1990, que fue la propia oligarquía motrileña la que se había resistido,  tozuda y recalcitrantemente hasta el final, a la apertura del instituto, como lo prueba aquella malévola e infame frase pronunciada por un cacique local y escuchada en un chiringuito de la playa del Pelaíllo, que, todavía, después de tantos años, aún sigue escociendo en la moralidad y en la memoria cultural de esta ciudad: «¿Quién va a labrar y a cortar las cañas de la vega si todos los hijos de los obreros se ponen a estudiar ahora de forma generalizada?». Y es que, con la irrupción en masa de los estudiantes, claro, se reducía drásticamente la posibilidad de encontrar peones para el campo y mano de obra barata para trabajarlo y laborarlo. La Corporación Municipal del Ayuntamiento de Motril de aquel tiempo también puso numerosas pegas y trabas administrativas para el inicio de las gestiones burocráticas pertinentes y para la obtención de la licencia de obras. Eso hay que manifestarlo con claridad igualmente en estas páginas también. Un miembro del primer claustro de profesores, el exsacerdote Miguel Rodríguez Ruiz, profesor de Religión del instituto entre 1965 y 1975, llegó a exponer públicamente las enormes dificultades que entrañaron reunir aquellas diez mil pesetas de la época que se exigían para el inicio de las mismas. Y hasta la propia dirección del colegio de San Agustín, el único centro privado en el que se podía estudiar Bachillerato de forma oficial en Motril por aquellos años, viendo lo que se le venía encima con la inminente creación del instituto, había remitido al Ministerio de Educación y Ciencia un amplio informe aduciendo y argumentando que las necesidades educativas de Motril y de su comarca estaban perfectamente cubiertas con su colegio. Intuían y presagiaban que con la creación de un centro público se les acabaría la exclusividad que tenían y, por tanto, el negocio que habían tenido y gozado hasta entonces. Pero finalmente la apertura del instituto fue posible gracias a que un grupo de hombres perteneciente a las familias más aperturistas y con mayor conciencia social del Régimen, muchos de ellos vinculados a asociaciones locales tales como Acción Católica o a la dinámica Asociación para el Fomento de la Cultura, una asociación integrada por periodistas, empresarios, médicos, profesores, maestros, abogados y algún que otro empleado de banca, liderados por el catedrático de Cristalografía y Mineralogía, Julio Rodríguez Martínez, casado con una paisana nuestra y más tarde ministro de Educación y Ciencia, o el primer director del instituto y antiguo líder universitario sindical del SEU granadino, don Juan de Dios Fernández Molina, pusieron, con entusiasmo y ardua entrega, las mimbres que hicieron posible la concesión a la ciudad de nuestro ansiado instituto que, como es bien conocido por todos, nació como un Instituto Laboral. Es decir, como un instituto de «segunda categoría», según el modelo educativo vigente por entonces. El «instituto de los pobres», como alguna persona maledicente lo llegó a denominar de forma despectiva por aquel tiempo. Tratando de buscar la hilaridad y la mofa entre los paisanos de la clase acomodada. Un instituto ––decían–– que no iba a dar títulos de Bachiller a nadie. Que a lo sumo, allí, entre sus aulas y talleres, los jóvenes «solamente aprenderían un oficio». Solo les daría para eso. Luego, durante los años siguientes, el centro se convertiría en un instituto de enseñanza media normalizado y puntero gracias a los desvelos de don Juan de Dios, quien tuvo la osadía y el valor de ir poniendo en funcionamiento todas y cada una de las fases educativas posteriores del instituto, incluso sin tener todavía la autorización previa o el visto bueno del Ministerio, según nos desveló Miguel Rodríguez en el citado artículo. Esa intrahistoria y esos íntimos y escabrosos detalles se los llevaron aquel grupo de hombres a la tumba. Nunca hicieron alarde público de ello. Y ese instituto de los pobres, al ser el pionero de los institutos motrileños, marcaría, ya para siempre, el destino de la ciudad y permitió que muchos jóvenes de familias humildes de toda la comarca que habían quedado fuera del sistema educativo, tuvieran una oportunidad única y, por tanto, un acceso libre y gratuito al mundo de la Cultura por primera vez en la historia de nuestra ciudad. Recuerdo unas proféticas palabras que nos repetía con énfasis Miguel Rubiño, el primer bedel que tuvo el instituto, quien nos exhortaba con frecuencia en voz alta para que los alumnos de la primera promoción no desaprovecháramos la oportunidad que se nos presentaba como un sagrado regalo: «¡Esto es un tesoro que han puesto en vuestras manos!», nos decía con grandilocuencia. La Asociación para el Fomento de la Cultura, seguiría cediendo terrenos, más tarde, para la construcción de los Colegios Menores ––la que hoy en día es la Residencia Escolar «Federico García Lorca»–– y para un centro de Formación Profesional, el actual Instituto de Educación Secundaria «La Zafra». Por consiguiente, es completamente necesario que estos datos sean conocidos por los motrileños de hoy en día, así como por las actuales y futuras promociones de estudiantes que estudien en dichos centros. Es lo menos que podemos hacer por aquel grupo de hombres, la mayoría ya desaparecidos, para mantener vivo su recuerdo y su esfuerzo. Es de bien nacidos ser agradecidos.

    Yo tuve la suerte y el privilegio de ser uno de aquellos afortunados primeros argonautas que se embarcaron con arrojo e ilusión en aquella aventura inicial, en aquella incierta singladura integrada por una inquieta tropa de casi trescientos niños que, en el otoño de 1965, inauguraron el Instituto Laboral de Motril. El primer comentario que quiero destacar en esta carta es que el instituto contó en esos primeros años, probablemente, con la dirección y el claustro de profesores de mayor acusada personalidad y proyección humanística que haya conocido jamás nuestra ciudad. No lo afirmo solamente yo, sino que así lo han manifestado los analistas que se han acercado al estudio de esa etapa tan interesante de la historia cultural motrileña. Los alumnos, como correspondía al disciplinado comportamiento académico de la época, éramos unos jóvenes tremendamente receptivos, cumplidores y deseosos de estudiar y de aprender, pues la creación y la apertura del instituto suponía una oportunidad inédita y única que se abría ante nuestras vidas, como ha quedado dicho. Pero aquellos profesores que vinieron a Motril en el otoño de 1965 para enraizarse entre sus gentes, para quedarse a vivir entre nosotros, eran, por su parte también, profesionales jóvenes y entusiastas que acudían a nuestra ciudad con unas enormes ganas de trabajar y un firme y ferviente deseo de cumplir con sus obligaciones, unas obligaciones docentes y educadoras que ellos llevaron a cabo muy por encima del cometido académico que se les exigía. Y se embarcaron en un viaje en busca del vellocino de oro de la Cultura. Se embarcaron en la aventura de hacer posible y de hacer realidad al fin la educación pública en nuestra ciudad. De una vez por todas. Prestando un servicio a la sociedad de la que Motril había carecido desde tiempos inmemoriales. Todo por la dura precariedad de un tiempo difícil, por la miopía de algunos gobernantes y por la maliciosa actitud de ciertos sectores de la sociedad biempensante motrileña, que no hicieron todo lo posible en su momento por facilitar las cosas, como hemos esbozado brevemente.

    Durante los meses previos a la apertura del instituto, los profesores del primer claustro llevaron a cabo una campaña de propaganda para la captación de alumnos, pues se trataba del primer centro público y gratuito donde se iba a poder cursar el Bachillerato en la historia de Motril, algo que suponía un reclamo muy sugerente en aquellos tiempos precarios de tan difícil acceso a las enseñanzas medias. Y una oportunidad única para las clases más desfavorecidas. En las propias aulas del centro, muchos de los aspirantes a bachilleres, realizaron una prueba de nivel, a modo de examen de ingreso, para poder matricularse. Tal era la expectación que se generó en la ciudad, que en ese primer año se matricularon trescientos alumnos, no solo de Motril, sino también de los anejos y de los pueblos cercanos, desbordándose, de tal forma, para regocijo de nuestros profesores, todas las previsiones y expectativas que habían calculado. Ese fue su primer éxito ante la oligarquía local y la contumaz y retrógrada sociedad motrileña de aquel tiempo. Luchando contra las adversidades y las circunstancias que hemos contado. No debió ser una batalla fácil ni cómoda para ellos. Pero para que se conozca en su justa medida la conciencia social de aquellos hombres y su espíritu de servicio, creo necesario contar una historia real que poca gente conocerá y que nos puede hacer ver la integridad moral de su primer director, don Juan de Dios Fernández Molina, y del elenco de hombres con los que se rodeó para embarcarse en dicha aventura. Dado que era la primera vez que ocurría algo así en la historia de Motril, la edad de los alumnos que se matricularon en 1965 era sumamente diversa y variada. Muchos entraron con su edad, como era mi caso: con diez años. Yo había realizado el examen de Ingreso en el colegio de San Agustín cuatro meses antes, un examen que se hacía entonces para ingresar en el Bachiller. Justo el año que el alumno cumplía los diez años, según la normativa oficial vigente en aquel tiempo. Pero hubo muchos alumnos que se volvieron a matricular de nuevo en primer curso de Bachillerato teniéndolo ya aprobado el año anterior, muchos de ellos provenientes de los Agustinos, dado que la enseñanza en este recién inaugurado centro era completamente gratuita. Había alumnos, pues, de doce, trece, catorce o quince años y algunos, incluso más mayores. Uno de los aspirantes de mayor edad era mi recordado amigo, Antonio Miguel Martín Martín. Su padre era peón caminero y vivía, junto a su familia, en una casilla situada junto al túnel de La Gorgoracha. Nuestro compañero había quedado, como tantos otros alumnos que se matricularon ese año, fuera del sistema educativo tras acabar la escuela y se le presentaba, por tanto, un futuro bastante incierto: trabajar como peón en el campo, de albañil o en algún taller mecánico. Su única misión por aquella época consistía en ayudar a su padre en el trabajo de plantar y reponer pinos o en el mantenimiento y la limpieza de las cunetas de la antigua carretera de Granada. Y, en todo caso, recoger en sus horas libres un puñado de piñas de los pinares colindantes a su domicilio, con cuya venta obtener un dinero extra para poder obtener unos mínimos ahorros. Cuando se es pobre, a la familia un niño solo puede ayudarla trabajando, ha comentado recientemente en uno de sus entrañables libros, Javier Pérez Andújar. Así que cuando su madre, María Martín Ortiz, muy preocupada por el porvenir que le esperaba a su hijo, se enteró de que se iba a abrir un instituto en Motril, decidió acercarse a sus instalaciones para entrevistarse con su director al objeto de recabar información. No tenía nada que perder. Algo nerviosa y preocupada, una mañana, después de darle muchas vueltas al asunto, se dispuso, al fin, a bajar andando los siete kilómetros que separaban La Gorgoracha de Motril, por uno de los arcenes bordeados de pinos de la vieja y sinuosa carretera de Granada. Y llegó al instituto. Logró, sin grandes problemas, su propósito de poder hablar con don Juan de Dios, quien la recibió con cordial amabilidad, como era su costumbre, estableciéndose un diálogo entre ambos que, tal como a mí me lo contaron, debió transcurrir de una forma más o menos parecida a esta:

    ––Don Juan de Dios, he venido a verle porque me he enterado de que va a abrir sus puertas este instituto próximamente y que se están matriculando muchos niños.

    ––Así es.

    ––Me gustaría que mi hijo también pudiera matricularse para que estudiara aquí el Bachiller.

    ––Pues muy bien.

    ––Pero, hay un problema…

    ––¿Y qué problema es ese, si puede saberse?

    ––Es que mi hijo es ya muy mayor…

    ––¿Y cuántos años tiene su hijo?

    ––Mi hijo tiene… diecisiete años…

    ––¡Pues está usted de suerte, porque en este instituto admitimos hoy a alumnos de diez a ochenta años!

    La mujer comprendió con aquella frase, con aquella salida en forma de confidencia íntima y velada tan comprensiva y cariñosa de don Juan de Dios, que su hijo iba a ser admitido e iba a poder cursar, por tanto, el Bachillerato en el instituto como un aspirante más. Su sueño se había hecho de repente realidad. Y se volvió para su casa henchida de gozo y con una alegría infinita que le palpitaba y no le cabía en el pecho, al comprender que ese mismo día, por esas mismas fechas, para muchas familias motrileñas de procedencia humilde, había comenzado en nuestra ciudad, en ese instituto que todavía estaba en obras y a medio terminar, «la gran batalla a la incultura», como expresó en un bello artículo de El Faro el propio Julio Rodríguez. La lucha contra la injusticia social y la igualdad de oportunidades de las que hablaban las autoridades académicas. Los siete kilómetros de vuelta hacia su domicilio, pese a ser esta vez cuesta arriba, ya no le causaron fatiga ni le pesaron en las piernas.

    Yo, todavía, me parece estar viendo a su hijo, a mi antiguo compañero del instituto de la primera promoción, Antonio Miguel Martín Martín, cómo, tras terminar las clases todos los días ¡a las siete de la tarde! ––por entonces la jornada escolar incluía un horario de mañana y tarde–– y aprovechando la escasa luz solar del día que quedaba, se iba pedaleando y estudiándose la lección, cuesta arriba, hasta La Gorgoracha, con el libro de Geografía abierto entre las manos y apoyado en el manillar de la bicicleta, porque cuando llegaba a la casilla de Peones Camineros que había a la salida del túnel en dirección a Vélez Benaudalla y a Granada, donde vivía con sus padres y sus hermanos, no había luz eléctrica y no tenía más remedio que estudiar y quemarse las cejas bajo la mortecina y débil luz de un candil de carburo. Recuerdo también, en este momento, a mi vecino del barrio del Camino de las Cañas, Paco Casares Antúnez, otro compañero mío de esa misma promoción, que tenía que levantarse todos los días a las seis de la mañana para ayudar a su padre a extraer el estiércol del establo de vacas de Jarabo, donde este trabajaba, e ir a asearse a su casa luego, raudo y veloz, para poder llegar al instituto antes del comienzo de las clases. O a Paco Garzón Pérez que tenía que repartir, a su vez, varias cántaras de leche a domicilio con su bicicleta antes del comienzo de las clases y continuar luego con la misma tarea, después de concluir el horario lectivo por las tardes en el instituto, pues su padre era lechero y tenía un corral de vacas. Como apenas tenía tiempo para estudiar ni para hacer los deberes por las tardes, se quedaba a estudiar por las noches, después de cenar, hasta altas horas de la madrugada, lo cual motivaba que algunos días se quedara dormido en clase. Don Juan de Dios, que conocía su penosa dedicación y su entrega abnegada a la precaria economía familiar, no solo no lo castigaba, sino que trataba de comprenderlo y volvía a repetir, con sumo cariño, una vez espabilado de sus cabezadas, la explicación del problema de Matemáticas que acababa de ofrecer en clase al resto de los alumnos. ¡Qué cultura del esfuerzo y del sacrificio tan admirable la de aquella generación de jóvenes motrileños! Es absolutamente necesario reivindicarlo y airearlo, ahora, ya que en esta sociedad en la que estamos acomodados, en estos tiempos tan frívolos que nos ha tocado vivir, dichos valores han quedado completamente devaluados y enterrados para siempre. Nuestro Premio Cervantes, Rafael Sánchez Ferlosio, en una entrevista que le hicieron poco antes de morir, mostraba su malestar y argumentaba que en esta sociedad actual, en este mundo materialista en el que vivimos, todo se ha convertido ya en ocio. ¡Cuánta razón llevaba el autor de El Jarama! En los tiempos que corren habrían denunciado ante la Fiscalía de Menores, con total seguridad, a todos esos padres de familia que «explotaban» a sus hijos en las actividades y trabajos familiares que acabamos de citar, acusándolos de maltrato infantil. Pero es que no somos hijos de un lugar, sino hijos de un tiempo.

    Y es que Motril ––que según el censo municipal de 1965 contaba con 28.790 habitantes–– carecía de un centro público donde los jóvenes pudieran cursar estudios de enseñanza media. Nuestra ciudad solo disponía por entonces de tres academias particulares donde cursar por libre el Bachillerato: la Academia Balmes ––regentada por Germán Pérez Alles––, la Academia de San Estanislao ––propiedad de Estanislao Quiroga y de Abarca–– y la Academia Nuestra Señora del Pilar, dirigida por su propietaria, Trinidad Alcalde. También contaba con un centro privado de mucho prestigio por aquellos años como ha quedado dicho, el colegio de San Agustín, donde estudiaban, generalmente, los hijos de las familias más pudientes. Solamente existían en la ciudad dos colegios públicos para niños: el Cardenal Belluga y el Garvayo Dinelli, y otros dos para niñas: uno privado, dirigido por religiosas dominicas, Nuestra Señora del Rosario, y otro público, el Virgen de la Cabeza. Miguel Rodríguez Ruiz apuntaba en Recuerdo de un sueño compartido que los problemas más acuciantes y perentorios que tenía aquel atrasado Motril de principios y mediados de los sesenta, eran el analfabetismo ––debido al absentismo y al abandono prematuro del ámbito escolar de los niños para ponerse a trabajar a una edad temprana–– y la escasez de viviendas sociales para la clase trabajadora.

    Motril, en la actualidad, con sus más de 60.000 habitantes, es una ciudad moderna y de servicios que cuenta ahora con una veintena larga de colegios públicos, seis escuelas infantiles con comedor incluido, seis institutos de educación secundaria, una residencia escolar ––los antiguos Colegios Menores––, donde se ofrece alojamiento y comida a los alumnos de toda la comarca que demandan una formación académica que no está implantada en sus localidades de origen, una red de bibliotecas públicas municipales compuesta por una biblioteca central ––la Biblioteca de La Palma–– y cuatro agencias de lectura para los distintos barrios de la ciudad, una Escuela Oficial de Idiomas, un Centro Público de Educación de Personas Adultas donde se ofrece educación permanente a los ciudadanos de Motril y sus anejos, un Aula Permanente de Formación Abierta dependiente de la Universidad de Granada, un Conservatorio Profesional de Música y un Centro Asociado de Extensión Universitaria de la UNED. ¡Cómo ha cambiado el cuento! Desde la cómoda atalaya del bienestar y de la opulencia de la sociedad en la que afortunadamente estamos instalados hoy en día, los españoles en general y los motrileños en particular, somos muy dados a criticar lo que tenemos, a expresar lo mal que funcionan las cosas, lo pésimo que está todo. Y es que todo es mejorable en esta vida, qué duda cabe, pero a veces es conveniente y absolutamente necesario mirar hacia atrás para que valoremos en su justa medida de dónde partíamos en 1965 y lo que hemos ido consiguiendo con el esfuerzo colectivo y con el paso del tiempo. Constantino Cavafis nos lo había advertido en un bello poema: «Cuando emprendas tu viaje a Ítaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias». Porque cincuenta o sesenta años en la vida, sobre todo de una persona reflexiva y con memoria, son solo cuatro días. Y ha sido largo el camino para llegar hasta Ítaca. Pero Ítaca no era el destino. El camino, el largo, el espinoso, el duro, pero gratificante y placentero camino, ese era realmente nuestro destino. Nuestro poético destino. Y como nos enseñó Miguel Torga: «El poeta no tiene biografía, solo destino».

    Jesús Cabezas Jiménez

    Alumno de la primera promoción (1965-72)

  • EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

    EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

    ✍Antonio Gómez Romera

    Domingo, 13 de julio de 2025

    En el LXXI aniversario del fallecimiento de la pintora mexicana Frida Kahlo

    Foto de Frida con 11 años de edad.

    Hoy domingo, 13 de julio, festividad de San Enrique, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1014 – 1024), en la vigésimo octava semana de 2025, se cumplen 71 años (martes, 1954) del fallecimiento de la pintora mexicana Frida Kahlo (Magdalena Carmen Frida Kahlo, 1907 – 1954). Acontece su muerte en el nº 247 de la calle Londres, la “Casa Azul”, hoy, “Museo Frida Kahlo” del barrio de Coyoacán en la Ciudad de México, a la edad de 47 años. Sin duda, todo un referente social y cultural y símbolo nacional asociada al feminismo, la auto superación y al genio artístico. Frida Kahlo amaneció en su cama como si estuviera dormida; había muerto sin darse cuenta. No se le practicó ninguna autopsia y fue vestida con la ropa que le enorgullecía e identificaba, el traje regional de tehuana con un huipil, su falda y sus enaguas, un collar de Tehuantepec y otros accesorios indígenas y su mano derecha fue colocada sobre su pecho.

    Frida en 1932 – foto de su padre.

    El Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México se engalanó de flores para recibir su cuerpo sin vida. Se le rindió un gran homenaje durante todo el día, con la presencia de su marido, el pintor muralista Diego Rivera (1886 – 1957), el expresidente Lázaro Cárdenas (1895 – 1970), el ensayista y académico Andrés Iduarte (1907 – 1984), el pintor y arquitecto Juan O’Gorman (1905 – 1982), el pintor, escritor, diplomático y activista David Alfaro Siqueiros (1896 – 1974), la fotógrafa Lola Álvarez Bravo (1903 – 1993), el escritor, poeta, museógrafo y político Carlos Pellicer (1897 – 1977), la cantante Concha Michel (1895 – 1991), la maestra y periodista Adelina Zendejas Gómez (1909 – 1993), así como familiares, intelectuales, artistas, miembros del antiguo Partido Comunista Mexicano y algunos de sus alumnos en “La Esmeralda”, Escuela de Pintura y Escultura de la Secretaría de Educación Pública que eran conocidos como “Los Fridos”: Guillermo Monroy Becerril (1924), Arturo García Bustos (1926 – 2017), Arturo Estrada Hernández (1925) y Fanny Rabel (1922 – 2008).

    El acta de defunción de Frida indica que murió por una embolia pulmonar, pero las causas pudieron ser múltiples: un deterioro inevitable del cuerpo y un suicidio involuntario por sobredosis de demerol. Poco antes de su muerte Frida afirmó: «Cuando muera quemen mi cuerpo. No quiero ser enterrada. He pasado mucho tiempo acostada ¡Simplemente quémenlo!». El cuerpo de Frida fue incinerado el 14 de julio en el Crematorio Civil de Dolores y sus cenizas fueron depositadas en una vasija de barro de estilo precolombino con forma de sapo y se guardan en la “Casa Azul” de Coyoacán, sobre un tocador de la “Recámara de Noche”, habitación donde dormía Frida.

    Frida Kahlo – foto de Bettmann.

    El accidente que marcó su vida

    Ciudad de México, jueves 17 de septiembre de 1925. A las 19:30 horas, en la esquina que forman las calles de Cuauhtemotzín y Calzada de San Antonio Abad, el autobús de la línea de Coyoacán con matrícula 17.885 y conducido por el chófer Jesús Belmont, es arrollado por el tranvía nº 829 de la línea Tlalpan que maneja J. Gómez. El autobús queda aplastado contra un muro. Frida resulta gravemente herida: el hueso pélvico se ha fracturado y el pasamano le ha perforado el abdomen y el útero. Tiene la columna rota por tres sitios, la pierna derecha por once, el hombro dislocado, la clavícula rota y los médicos descubren más tarde que también se ha roto tres vértebras. Su novio, Alejandro (“Alex”) Gómez Arias (1903 – 1990), sólo ha sufrido fuertes golpes en la cadera. Los testigos del accidente relatan que cuando un hombre le puso una rodilla encima a Frida y tiró de la barra de metal que tenía incrustada, ésta gritó tan fuerte que sus alaridos taparon el sonido de las ambulancias que se acercaban.

    El diario “El Demócrata” publica el viernes 18 de septiembre que “Al llegar a la esquina de las calles de Cuauhtemotzín y San Antonio Abad, con esa deplorable costumbre de los choferes de detenerse en cada esquina a cargar más pasajeros, el camión se estacionó precisamente sobre la vía de los eléctricos, habiendo aparecido de pronto el tranvía de Tlalpan, número 829, que según expresó el superintendente de la segunda división, señor Manuel Maena, era manejado por el motorista Gómez, placa número 3845, y sin que tratara de detener la marcha del motor, el eléctrico se proyectó como una catapulta sobre el camión. Pedazos del vehículo saltaron por los aires. Un grito de espanto se escapó de todas las gargantas y el motorista puso “contracorriente”, sólo que ya de manera tardía, pues que el camión quedó hecho pedazos. Todos los pasajeros del camión fueron heridos. La escena fue inenarrable. Los pasajeros del camión, lesionados todos ellos, se encontraban unos debajo del tren, materialmente, y otros sangrando entre los restos del camión, habiéndose aglomerado la muchedumbre, que con esa morbosa curiosidad incapaz de dar auxilio a nadie, se reducían a ver. Alguien dio aviso a la benemérita Cruz Roja, que envió a varias ambulancias, en tanto que el señor doctor José Morales, activísimo comisario de la cuarta demarcación, se presentaba con la sección médica, encabezada por el doctor Muldoon, atendiendo en el acto a los lesionados. La señorita Calo [sic] había sufrido heridas gravísimas, así como la señora Meneses, tanto así que fue indispensable el violento traslado de ellas dos al sanatorio de la Cruz Roja, en la calle de San Jerónimo, en tanto que el señor Arenas era llevado al hospital Juárez, y los otros tres lesionados eran conducidos a sus respectivos domicilios, bajo responsiva médica. El chofer y el motorista, comprendiendo cada uno la responsabilidad que les tocaba, se dieron a la fuga, no habiendo sido posible saber siquiera el camino que siguieron, por más esfuerzos que realizó la policía; pero se cree que los agentes de las Comisiones de Seguridad lograrán su captura, ya que este accidente, que tuvo relieves de catástrofe, fue sencillamente espantoso”.

    Frida Kahlo en vestido de seda azul – Nickolas Muray, 1939.

    Frida, en su día también escribió sobre el accidente: “Ocurrió en una esquina, frente al mercado de San Lucas, exactamente enfrente. El tranvía marchaba con lentitud, pero nuestro camionero era un joven muy nervioso. El tranvía, al dar la vuelta, arrastró al camión contra la pared. Yo era una muchachita inteligente pero poco práctica, pese a la libertad que había conquistado. Quizás por eso no medí la situación ni intuí la clase de heridas que tenía. En lo primero que pensé fue en un balero de bonitos colores que había comprado ese día y que llevaba conmigo. Intenté buscarlo, creyendo que todo aquello no tendría mayores consecuencias. Mentiras que uno no se da cuenta del choque, mentiras que llora. En mí no hubo lágrimas. El choque nos brincó hacia adelante y a mí el pasamano me atravesó como la espada al toro. Un hombre me vio con una tremenda hemorragia, me cargó y me puso en una mesa de billar hasta que me recogió la Cruz Roja (…) Perdí la virginidad, se me reblandeció el riñón, no podía orinar, y de lo que yo más me quejaba era de la columna vertebral. Nadie me hizo caso. Además, no había radiografías. Me senté como pude y les dije a los de la Cruz Roja que llamaran a mi familia. Matilde leyó la noticia en los periódicos y fue la primera en llegar y no me abandonó por tres meses; de día y de noche a mi lado. Mi madre se quedó muda durante un mes por la impresión y no fue a verme. Mi hermana Adriana al saberlo se desmayó. A mi padre le causó tanta tristeza que se enfermó y sólo pude verlo después de veinte días. Estuve tres meses en la Cruz Roja”.

    Cartel inspirado en Frida Kahlo.

    Mientras, su novio “Alex”, recuerda en una entrevista a la prensa años después del accidente que “El tren eléctrico, de dos vagones, se acercó lentamente al camión y le pegó a la mitad, empujándolo despacio. El camión poseía una extraña elasticidad. Se curvó más y más, pero por el momento no se deshizo. Era un camión con largas bancas a ambos lados. Recuerdo que por un instante mis rodillas tocaron las de la persona sentada enfrente de mí; yo estaba junto a Frida cuando el camión alcanzó su punto de máxima flexibilidad, reventó en miles de pedazos y el tranvía siguió adelante. Atropelló a mucha gente. Yo me quedé debajo del tren. Frida no. Sin embargo, una de las barras de hierro del tren, el pasamanos, se rompió (y) atravesó a Frida de un lado a otro a la altura de la pelvis. En cuanto fui capaz de levantarme, salí de abajo del tren. No sufrí lesión alguna, sólo contusiones. Naturalmente, lo primero que hice fue buscar a Frida. Algo extraño pasó, Frida estaba completamente desnuda. El choque desató su ropa. Alguien del camión, probablemente un pintor, llevaba un paquete de oro en polvo que se rompió, cubriendo el cuerpo ensangrentado de Frida. En cuanto la vio la gente, gritó: “la bailarina, la bailarina”. Por el oro sobre su cuerpo sangriento, pensaba que era una bailarina”. Un mes después del accidente, Frida deja el Hospital de la Cruz Roja, sito en la calle de San Jerónimo y regresa a casa.

    Frida – billete de 500 pesos.

    Colofón

    Frida murió un martes 13 de hace 71 años, a pocos días de haber cumplido los 47 años. No parece casual el día. Martes hace referencia al planeta rojo, a la destrucción y al dios romano de la guerra. Y, martes 13, en el imaginario popular, suele ser presagio de mala suerte. Frida Kahlo nos dejó su increíble obra, más de 200 trabajos, y su bella “Casa Azul”. En la última línea de su diario había escrito: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”. Su último cuadro se exhibe en el “Museo Frida Kahlo”. Es un óleo titulado “Sandías. Viva la vida”. En una de las coloridas rodajas de la sandía y junto a su firma se puede leer: «Viva la vida. Coyoacán, 1954, México».

    Toda su obra, por “su incuestionable valor estético y por el reconocimiento unánime que ha alcanzado dentro de la comunidad artística nacional” es declarada “Monumento Artístico” por un Decreto de la Secretaría de Educación Pública. Está firmado el decreto por el titular de la Secretaría, Jesús Reyes Heroles (1921 – 1985) y por el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Miguel de la Madrid Hurtado (1934 – 2912), en fecha de 11 de julio de 1984, y publicado en el Diario Oficial de la Federación del miércoles, el 18 de julio, por lo que está protegida por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos.

    Cartel de Frida Kahlo Experiencia Live Art y Muestra Gastronómica.

    El jueves, 21 de junio de 2001, el Servicio de Correos de EE.UU. pone a la venta en Phoenix, Arizona, un sello postal diseñado por Richard Sheaff sobre un autorretrato de Frida Kahlo de 1933, con un valor de 34 céntimos: “Su obra ha tenido una influencia significativa sobre las artistas chicanas de Estados Unidos y, desde mediados de la década del 70, ella ha servido de modelo a las mujeres de las comunidades mexicano – estadounidenses y feministas”. Frida es la primera mujer hispana en recibir tal honor.

    El lunes, 30 de agosto de 2010, el Banco de México pone en circulación, como parte de la serie de billetes que conmemoran el bicentenario de la independencia y centenario de la revolución, el billete de 500 pesos (Familia “F” – medidas 148 x 66 mm – de papel de algodón). En el anverso consta “un autorretrato del muralista Diego Rivera, complementado con una viñeta compuesta por su obra de caballete titulada “Desnudo con Alcatraces”, tres pinceles y una paleta, en representación de los instrumentos que utilizaba al crear sus obras de arte”. Y, en el reverso: “un autorretrato de la pintora Frida Kahlo, acompañado por una de sus obras titulada “El abrazo de Amor del Universo, La Tierra (México), Yo, Diego y el Señor Xólotl”.

    Frida Kahlo – óleo sobre tabla de Pablo Rejón Miranda.

    En la película “Coco”, estrenada en España el 1 de diciembre de 2017, se aprecia “un prodigio -visual, emocional, imaginativo- en su retrato de las tradiciones mexicanas”. Es producida por Pixar Animation Studios, distribuida por Walt Disney Studios Motion Pictures y ganadora del Premio Oscar, el Globo de Oro y el Premio Annie. En ella, el personaje de Catrina está inspirado en Frida, como homenaje a su legado artístico y a su importancia cultural en México.

    En cercanas fechas, concretamente del 11 de marzo al 29 de junio de 2025, en el madrileño Paseo del Pintor Rosales, 30 (Planta Baja) se ha podido disfrutar de “Frida Kahlo: Experiencia Live Art y Muestra Gastronómica”, un recorrido inversivo con instalaciones sensoriales, proyecciones y una exposición fotográfica, completado todo con un menú degustación mexicano basado en la cena de la boda de Frida Kahlo y Diego Rivera. Se confecciona a base de Esquites, Pozole rojo, Sope de manitas de cerdo y pollo, Sope de pato con mole, Chile poblano relleno de carne molida y Pastel Tres Leches de Las Bodas de Frida, e incluye la bebida de agua de hierbabuena y limón, mezcal (400 Conejos), tequila (Dobel diamante y 1800 Añejo) y Cocktail Viva la Vida. Contando con la colaboración de ONU Mujeres y autorizado por Banco de México, esta experiencia invita a explorar la vida, el arte y las emociones de Frida a través de tres salas que revelan facetas desconocidas de su personalidad y su legado en un recorrido con una duración de 45 minutos.

    Hoy en día, las obras de Frida Kahlo se pueden ver en instituciones tan importantes como el Museo Dolores Olmedo (Xochimilco, Ciudad de México), el Museo de Arte Moderno de México, el MoMa de Nueva York o el Centro Georges Pompidou de París.

  • RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

    RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

    ✍Manuel Domínguez García

    Cronista Oficial de la ciudad de Motril

    LA MANUFACTURA DEL AZÚCAR DE CAÑA EN LA COSTA DEL REINO DE GRANADA. EL TRAPICHE DE VICENCIO DE MOTRIL (1759-1834)

    Manolo Domínguez García -Historiador-

    La costa de Granada y sus poblaciones más importantes: Motril, Almuñécar y Salobreña: tiene una notable historia sobre el cultivo de la caña de azúcar y la industria azucarera. Extensa historia que se remonta a la época del Al-Ándalus musulmán y que aproximadamente durante mil años, ha continuado prácticamente ininterrumpida hasta nuestros días.

    Por esta razón, la historia local de esta comarca costera es consustancial con las vicisitudes económicas del cultivo y producción cañero-azucarera; en torno a las cuales han girado, sin duda alguna, gran parte de las relaciones económicas, sociales y políticas de esta concreta área geográfica.

    En este contexto se enmarca este pequeño estudio que hemos centrado en las actividades manufactureras de un ingenio trapiche de Motril, denominado ingenio trapiche de Vicencio o del conde de Bornos; fábrica que elaboró azúcar de caña durante casi una centuria entre la segunda mitad del siglo XVIII y primeras décadas del XIX y que, evidentemente, puede servir como ejemplo ilustrativo de las actividades manufactureras de los numerosos ingenios que molturaron cañas y produjeron azúcar en esta ciudad y en otros lugares de la costa granadina, cuyas técnicas industriales apenas variaron desde el siglo XVI.

    La denominación “ingenio” designa una fábrica de azúcar comprendida en todo su conjunto de locales, maquinas, utensilios, etc. Ahora bien, la documentación de la época hace distinción entre “ingenio real” e “ingenio trapiche”. Esta distinción viene dada por el sistema de molinos usados, independientemente de la energía utilizada para moverlos. El ingenio real poseía molinos de rodillos horizontales o de piedra corredera y el ingenio trapiche tenía molinos de rodillos verticales, que significaron una verdadera innovación tecnológica en la manufactura del azúcar a partir del siglo XVII.

    Plano de la Huerta de la Condesa en 1932, donde estuvo el trapiche de Vicencio (Cartoteca de Andalucía).

    La documentación utilizada, se basa casi exclusivamente en los inventarios y descripciones que sobre el citado ingenio existen en los fondos de la sección de Bornos del Archivo Histórico de la Nobleza y en algunos documentos del Archivo Municipal de Motril. Documentación que aporta abundantísimas noticias sobre las actividades cañero-azucareras de esta ciudad, técnicas utilizadas para la elaboración fabril del azúcar y cita, además, numerosos términos léxicos propios de la cultura del azúcar en esta zona. Al ser este un artículo de divulgación, he suprimido todo el conjunto de elementos que justifican un trabajo de investigación como son notas a pie de página, bibliografía etc. El articulo completo está publicado en la revista Qalat, nº 1, Motril, 1997, pp.55-61.

    El trapiche de Vicencio o de los Zubreas, que ya había funcionado como ingenio real a finales del siglo XVI y primera mitad del XVII y había pertenecido a un milanés llamado Vicencio Gruzo de Gabaricio y desde 1670 el ingenio estuvo desarmado y el edificio en ruinas, estaba situado al sureste de Motril, justamente al final de la Rambla de Capuchinos, frente al convento de esta Orden; ocupando un gran espacio de terreno llano entre las actuales calles de Cuevas, Pío XII y López Rubio.

    Pertenecía en la segunda mitad del siglo XVIII a Antonio Ramírez de Haro, conde de Bornos. Lo constituía un solar de 180 pasos casi en cuadro, cercado de una pared bastante gruesa de diez y seis pies de alta, reforzada con machones, que incluía un amplio edificio de ladrillo conteniendo todas las dependencias propias de una fábrica azucarera de la época: cuarto de molinos, cocina del ingenio, palacio de batalla, banco, cuartos de blanqueo, fogata, corrales, patio de cañas, almacén y diversas albercas; además de cuadras para los animales y viviendas para el administrador y trabajadores. Además, había en el cercado y descansando en la tapia, dos cuadras muy capaces para ganado y en una parte de ellas un famoso horno de reverbero para las fundiciones. Prácticamente el centro del solar había una alberca grande de bastante profundidad para el uso del ingenio que se llenaba con el agua procedente de la huerta del convento de Capuchinos, que venía por tubería desde la fuente de la Nacla.

    Dibujo de una de las fachadas del trapiche de Vicencio. Siglo XVIII (Archivo Histórico de la Nobleza).

    Su fecha de construcción se sitúa alrededor de 1759, año en que el regidor motrileño Francisco Oliver, administrador en la ciudad de las propiedades del conde de Bornos, estaba reedificando el antiguo edificio del ingenio de Vicencio que llevaba cerrado y en ruinas ya muchos años, para erigir un nuevo ingenio trapiche que se uniera a las labores manufactureras de azúcar que ya realizaban en ese año otros dos trapiches, llamados Nuevo y Viejo, y el ingenio real de la Palma. Para 1763 tenemos constancia documental de que el trapiche de Vicencio estaba ya en funcionamiento, aunque las obras no se concluyeron hasta el año siguiente.

    La época elegida por el conde de Bornos para construir su fábrica de azúcar en Motril, no fue la más propicia para la obtención de regulares rendimientos económicos. Desde mediados de los años 50 del siglo XVIII, la caña y el azúcar habían iniciado, en la costa de Granada, una fase de profunda crisis, debida a varias causas, entre las que destacaríamos la degeneración de la planta, las arcaicas técnicas de elaboración azucarera, la competencia del azúcar colonial y la negativa situación climática para una planta que en Motril se desarrolla al límite de sus posibilidades ecológicas. Todo esto implicó una drástica reducción de los rendimientos cañeros-azucareros y del precio del azúcar costero, con la consiguiente disminución de la extensión de las plantaciones y del número de ingenios e incluso algunos de los que quedaron en el último tercio del siglo XVIII, no funcionaron en determinados años por falta de cañas o porque la rentabilidad fue tan baja que los costes industriales eran superiores a los beneficios.

    Plano de la huerta y trapiche de Vicencio. Siglo XIX. (Archivo Histórico de la Nobleza).

    De todas maneras, el trapiche de Vicencio se mantuvo abierto la mayor parte de estos años, seguramente en base a la misma producción cañera de los Bornos, que poseían en Motril y Salobreña una considerable cantidad de tierras de regadío dedicadas a cañas de azúcar; unas veces a cargo del propietario y otras arrendado. Pero para finales de la década de 1840 o primeros años de la siguiente, la fábrica estaba ya cerrada definitivamente y el edificio de nuevo en ruinas.

    Normalmente, en la costa de Granada, se iniciaban los preparativos de las fábricas para efectuar la molienda de las cañas y manufactura del azúcar entre los meses de septiembre y octubre, pertrechándose los ingenios de los materiales necesarios, reparando y poniendo a punto molinos, calderas, tangiles y demás enseres e instrumentos, arreglando las dependencias del edificio, almacenando las formas de cerámica donde se cuajaría el azúcar y adquiriendo el trigo y la cebada que se darían a trabajadores y animales. Todo este conjunto de operaciones encaminadas a disponer la fábrica para el proceso manufacturero del azúcar, recibía el nombre de poner corriente y moliente el ingenio.

    A finales de octubre o principios de noviembre, se recibía la inspección de los comisarios enviados por el Concejo municipal que concedían licencia, si todo estaba en orden, para que el ingenio iniciara las tareas de molienda, sorteándose los sitios donde se podrían rozar las leñas y aneas necesarias para abastecerlas fogatas de las distintas fábricas. Esta inspección era tradicional en Motril al menos desde finales del siglo XVI y quedó legalmente fijada en la Instrucción que sobre las fábricas de azúcar, dio la Junta de Comercio y Moneda en 1749.

    Libro de cuentas del trapiche de Vicencio. Siglo XVIII (Archivo Histórico de la Nobleza).

    Paralelamente, el dueño o arrendador o aviador del ingenio contrataba con los cosecheros las cañas que se molerían, al precio que tradicionalmente se habían estipulado en Motril que era de 400 reales por tarea de 520 arrobas de cañas y había sido establecido por el Concejo municipal en 1682, manteniéndose sin variación hasta el siglo XIX.El orden de corta y molienda de las cañas, se recogía por el mayordomo o administrador del ingenio en un libro llamado Ballestilla.

    A mediados de diciembre o principios de enero se iniciaban las tareas de la zafra de las cañas, ya que en esta época la variedad de caña que se cultivaba en Motril era la doradilla y todavía conservaba el ciclo tropical. Los gastos de corta, monda y transporte corrían por cuenta de la fábrica cuando las cañas procediesen del pago denominado Vega de los Canelones; al resto de los cosecheros, con cañas en otros pagos de la vega, se les cobraba una cantidad en concepto de acarreto en proporción a la distancia del pago al ingenio, cantidad que recibía en nombre de más a más.

    Las cañas traídas al ingenio se depositaban en el patio de cañas, llevándose a continuación por los esporteros y parigoleros en seras de esparto al palacio de batalla que, en el trapiche de Vicencio, era un patio con soportales sostenidos con postes de fábrica, donde se limpiaban las plantas de brozas y raíces por los desbrozadores y raiceros.

    Una vez limpias, las cañas eran pesadas con un peso de cruz, colocado bajo un pequeño arco de ladrillo, que admitía carga desde 3 a 14 arrobas y que tenía diversas pesas. Dos de ellas recibían los nombre pasmado o refacción, de peso de 3 libras y se usaba para compensar la pérdida de peso que la caña sufría con el desbrozo; la otra se conocía con el nombre de pesa de cosechería y que, con una tara de 3 arrobas, servía para el pesaje de las cañuelas de tres arrobas de cañas.

    Edificaciones de la Huerta dela Condesa a principios del siglo XX (Colección Marín Herrera).

    Pesadas y preparadas las cañas en entradas o cargas de molino de 120 arrobas, de nuevo los esporteros las trasladaban al cuarto de moliendas, donde estaban los molinos trapiches que las exprimirían para obtener los caldos. En el ingenio trapiche de nuestro estudio, este cuarto era rectangular de medidas de 72×36 pies, (pie= 30,48 cm), con dos grandes arcos de obra de 33 pies de longitud, En medio de cada arco se situaban cada uno de los dos molinos cañeros que poseían la fábrica, con sus respectivos sumideros para recoger los caldos y llevarlos, mediante cañerías de plomo, a los aljibes de la cocina. En el pilar que dividía estos arcos, había un templete sencillo donde se colocaba un cuadro de Nuestra Señora de Atocha, patrona de la Casa de Bornos y de este ingenio de azúcar.

    Los molinos, denominados en la documentación moliendas, estaban integrados por tres cilindros o rodillos verticales de madera de encina de medidas que no podemos precisar, chapados de hierro, claveteados con cuñas y ceñidos con arcos de hierro sujetos con pernos. El rodillo central, que es el motor, recibía el nombre de eje grande y los otros dos ejes chicos. Los tres estaban colocados sobre un plano horizontal de madera llamado tablero sin boca, que servía para depositar las cañas durante las operaciones de molienda. Los rodillos iban atravesados en toda su longitud por ejes de madera de acebuche denominados injertos, que terminaban en un pivote o espiga de hierro o bronce para el giro que se llamaba guijo. El injerto se introducía en el rodillo golpeándolo con una especie de ariete de hierro nombrado vaivén. Los guijos superiores descansaban en otra pieza de hierro o bronce llamada chumacera y los inferiores en el bancal.

    El cilindro central comunicaba su movimiento fuerza a los laterales por medio de ruedas dentadas de madera de acebuche engranadas entre sí, que producían un giro contrario a cada uno de ellos; de manera que las cañas se introducían entre el rodillo central y derecho y salían entre el central y el izquierdo.

    La estructura del molino que soportaba los ejes, estaban constituida por cuatro grandes vigas de madera horizontales llamadas vírgenes y ocho verticales más pequeñas denominadas ayudas, ensambladas con las vírgenes y sostenidas con gatos, sobregatos y congrieles. En la parte superior e inferior de esta estructura se colocaban dos maderos de 13´5 varas de longitud llamados puentes, que soportaban los cilindros del molino.

    Para mover el molino se utilizaban ocho mulos, que en grupo de dos eran uncidos a dos timones de madera de álamo negro, transmitiendo su fuerza a través de dos teleras altas y dos bajas con sus boleas y enalas, al aspa de madera que hacía girar el árbol central del molino.

    La Huerta del a condesa a mediados del siglo XX. (Paisajes Españoles).

    Por término medio se consideraba que un ingenio como el de Vicencio con sus dos moliendas, sólo debía moler catorce tareas de 520 arrobas de cañas por semana; componiéndose cada tarea de 15 entradas y cada entrada de 40 espuertas o cañuelas de 3 arrobas. A cada entrada de cañas se le tenía que dar 14 vueltas en el molino si eran alifas de corte bianual y 12 a las de tercio de corte anual. Los jueves y domingos por la mañana se paraban los molinos para lavar los ejes, sumideros, canales, etc., con lejías hechas de ceniza de adelfa y lentisco, evitando con esto la acidificación que se producía y que podría estropear los caldos.

    Todo el caldo obtenido en la molienda, se recogía en dos aljibes de cobre de peso unitario de 12 arrobas y 23 libras, situados en la cocina del trapiche, que era una habitación de 92×30 pies; dependencia donde se clarificaban y concentraban los caldos para hacerlos azúcar. En los aljibes se dejaba reposar el caldo brevemente para que las impurezas que llevaba, se depositasen en el fondo antes de iniciar las maniobras propias de la obtención del azúcar.

    Por cañerías de plomo, el caldo pasaba de los aljibes a las calderas que se ubicaban junto a una de las paredes laterales de la cocina, embutidas en un poyo hueco de ladrillo refractario. El trapiche poseía diez calderas. Seis de ellas, dos de jarope o de jaropar y cuatro de melar, estaban colocadas en tren y calentadas de tres en tres por dos hornos de reverbero, cuya fogata se situaban en un patio contiguo. El humo de estos hornos salía por una chimenea de ladrillo de siete cuerpos de altura con boca de 10 pies de largo y 6 de ancho por donde salía una llama y humo espeso que por la noche se distinguía a cuatro leguas de distancia.

    Las otras cuatro calderas destinadas a dar el punto de azúcar, llamadas tachas, eran independientes y estaban calentadas por un solo horno de tipo tradicional.

    El caldo llegaba primero a las calderas de jarope, situadas en los extremos del tren y nombradas Rincón y Capitana. Estaban embutidas en un hueco de 4 varas cuadradas y se componían de un suelo de hierro de 23 arrobas y 14 libras para la caldera Rincón y 30 arrobas y 24 libras para la Capitana y una arandela de cobre de 14 y 12 arrobas respectivamente. Ambas piezas se unían o zulacaban con una pasta hecha de yeso, sangre de vaca, ajos e higos.

    Al caldo, llamado ahora jarope, en estas primeras calderas de clarificación se le echaba una porción de aceite para evitar que se desbordase al hervir a fuego lento de leña o anea. Añadíase, además, una cierta cantidad de lejía de cenizas de adelfa y salado, alcaloide que neutralizaba los ácidos del caldo que, al convertirse en sales, se depositaban en el fondo de las calderas. Las materias albuminoideas subían a la superficie en forma de espumas o bromas; por lo que el punto principal de esta primera fase de la manufactura azucarera, consistía en desbromar bien el jarope con espumaderas de cobre ya que de otra manera el azúcar saldría de mal sabor. El jarope ya clarificado y desbromado era colado o frisado en dos grandes coladores de cobre de peso individual de 26 arrobas y 23 libras, cubiertos por el telar que se componía de un marco de madera cubierto por frisas o paños tupidos de tela de jerga, que evitasen pasar impurezas. Estos paños debían lavarse diariamente.

    Restos del trapiche de Vicencio, años 70 de siglo XX. (Francisco Peña)

    El jarope ya frisado y colado y aún caliente, era trasvasado con remillones, cazos de cobre de mango largo, a las cuatro calderas de melar, cuyos suelos de hierro tenían un peso medio de 8 arrobas y las arandelas de cobre 3 arrobas. En estas calderas, que estaban embutidas en huecos de 2´5 varas, el caldo era de nuevo recocido y concentrado, agregándosele sangre de toro que, al coagular por el calor, formaba una red muy tenue que subía a la superficie de la caldera arrastrando las pequeñas impurezas que aún quedaban. El jarope se batía lentamente hasta hacerlo melaza. Esta ya bien cocida y concentrada, bajo el atento cuidado del maestro de azúcar, se traspasaba en tangiles y tinetas de cobre a los doce tinajones de cerámica que poseía el trapiche, cubiertos con cedazos para colar de nuevo el producto. En estos tinajones, situados en una habitación de 18×14 pies, se debían tener las melazas algún tiempo enfriándose para que se asentaran los fondos.

    Cuando el maestro de azúcar consideraba que la melaza o meladura estaba lo suficientemente fría, se volvía a hacer un trasvase a las pequeñas y profundas calderas llamadas tachas, donde se cuajaría definitivamente la masa. Los suelos de las tachas eran de hierro y pesaban por término medio 3 arrobas y las arandelas de cobre 1´5. Las cuatro tachas del trapiche se calentaban con un solo horno de tipo antiguo, utilizando como combustible bagazo, paja de la caña ya molida, o leña muy menuda llamada volina. En estas calderas, la meladura se volvía a hervir concentrándola aún más y batiéndola constantemente hasta que comenzaba a cristalizar. La experiencia del maestro de azúcar hacía que a esta masa azucarada se le diese el adecuado punto de cristalización y una vez conseguido, la masa se pasaba de las tachas a un gran perol de cobre con el que se llenaban las formas de azúcar, hechas de cerámica de figura tronco-cónica abiertas por ambos lados, que tenían una cabida de 5 ó 6 arrobas de masa azucarada.

    Las formas, antes de ser usadas, debían de estar en remojo ya que sin estar húmedas las meladura se adhería a las paredes y también, antes de su llenado, había que embadurnarlas por dentro y por fuera con aceite lo que facilitaría la salida del pilón completo; procediéndose a continuación a enarcalas, es decir, a liarlas con cuerda en toda su superficie dejando un asa para moverlas.

    Las formas estaban colocadas en el banco sobre los llamados porrones de recibo, tinajas de barro de base plana y cuello ligeramente estrangulado, que servían para recoger la denominada miel prima que destilaba la forma. El banco era una habitación de 53×20 pies con un poyo de ladrillo a todo su alrededor de 3 cuartas de alto y una vara de ancho, donde cabían 120 formas; las que pasados dos o tres días eran conducidas por los formeros a casa de los cosecheros o a los blanqueos.

    El trapiche poseía dos cuartos de blanqueo. El blanqueo bajo de tres habitaciones con una capacidad para 600 formas con sus porrones respectivos y el blanqueo alto o principal con dos habitaciones de bastante longitud, útil para 800 formas.

    En estas dependencias, se daban a las formas tres tierras, o lo que es lo mismo, tres capas, una por semana, de greda muy húmeda. El agua de la greda arrastraba el resto de miel, conocida como miel de tierra, que quedaba en la forma y blanqueaba el azúcar; obteniéndose de cada una de ellas, aproximadamente, 2´5 arrobas de azúcar en prieto o de pilón, así llamado por su forma cónica, 2 arrobas de miel prima y 0´5 de miel de tierra y quebrados.

    Los azúcares de pilón que se sacaban de las formas para ser vendidos enteros se debían de envolver en papel no muy grueso y atarse con cuerdas delgadas. Si se querían vender deshechos, se habrían de entalegar como los procedentes de la Martinica, Cuba o Portugal.

    A finales de mayo o principios de junio, una vez terminadas las labores manufactureras del azúcar, el trapiche de Vicencio cerraba sus puertas.

    En 1977 aparecieron restos del trapiche al hacer obras de excavación en la Huerta de la Condesa para la construcción de nuevos edificios. La Delegación de Cultura de Granada hizo el correspondiente informe arqueológico. No se le dio valor a lo encontrado y se permitió su definitivo derribo.

  • ALGO MÁS QUE PALABRAS

    ALGO MÁS QUE PALABRAS

    ✍Opinión.-

    CORAZÓN A CORAZÓN; ES COMO SE CAMBIA EL MUNDO. “La fuente existencial reside en el alma, en el esfuerzo de acompañar viviendo y dejando vivir; hasta el extremo, de que  ningún poder humano, puede apoderarse del sagrario impenetrable de la libertad del sentimiento”

    Víctor Corcoba -Escritor-

    El arbitrario y desolado planeta, adherido a la custodia del ser humano, requiere de nuestras pulsaciones conjuntas, no para abrir las puertas del abismo, sino para llamar a la solidaridad y a la auténtica justicia palpitante. Desde luego, urge reconstruir la confianza ciudadana y universalizarla en todos los abecedarios internos del ser humano, para reconstruir en este mundo más que fronteras y frentes, moradas abiertas a la vida y a la verdad. Sin duda, nuestro distintivo corazón innato, necesita una regeneración, un cambio de posiciones y posturas, más auténticas con nosotros mismos y con los demás. Para empezar, insistiré en que tenemos que aprender a reprendernos, que es otra forma de quererse, y otra manera de avanzar en comunión para fraternizarnos.

    Precisamente, nuestra gran asignatura pendiente radica en respetarnos, en no destruir los vínculos que nos abrazan. Para ello, hay que decir adiós definitivamente a las guerras, destronar de nosotros las desigualdades, el consumismo y el uso antihumano de la tecnología. Urge, por consiguiente, abrir la peor de las prisiones: la de un corazón cerrado y endurecido. Hay que tomar nuevos aires, abrirse y  no desfallecer ante los obstáculos, que además siempre los hubo, relanzarse con la sensibilidad, para poder fecundar los sueños y hacerlos realidad. No olvidemos que somos peregrinos de un orbe que debe de armonizarse, juntando latidos de proximidad, compasión y ternura. Nadie puede quedar excluido del poema viviente al que pertenece, por tanto, juntemos miradas y acariciemos labios.

    Tenemos que desarmarnos de lo terrenal, del poderío interesado y activar la palabra como pulso de entendimiento. La compraventa del dinero todo lo corrompe y lo envicia, decreciendo la ilusión en nosotros mismos. Esta conmoción intrínseca se expresa con toda su fuerza en el grito de esas gentes que huyen de las absurdas contiendas, a la espera de otras atmósferas más comprensivas e igualitarias, sustentadas en los derechos humanos. Al fin y al cabo, todos hemos de rendir cuentas, por cuestión de imperativo moral y de justicia global. La obra de este buen hacer y mejor obrar será la tranquilidad y la seguridad para siempre. En un orbe en el que los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores de una injusta dominación, la protección es cuestión de humanidad.

    Seamos humanitarios, pasemos a la realidad, vivamos la vocación como entes pensantes. Escuchemos a la mente, pero también dejemos hablar al corazón. Ser protectores de nuestra particular  existencia virtuosa, como pieza clave, sobre todo a la hora de promover la convivencia entre análogos y sentar las bases de una concordia, es fundamental para acrecentar los espacios cívicos. Personalmente, estoy convencido de que el problema no está tanto en la bomba atómica como en el típico hogar familiar; es decir, en las propias entretelas. Nos merecemos, pues, una esencia más espiritual que mundana, que nos sirva de apoyo en todo momento. Esto nos invita a reflexionar, a tratar de ahondar en la dimensión comunitaria de consolar siempre, al menos para nosotros salir consolados.

    En efecto, uno tiene que ser como el aire para que los demás respiren; un manantial de alivio que fraternice, con un afecto firme, constante e invariable, que siempre está ahí para responder, con una sonrisa placentera y una mirada tranquilizadora. No olvidemos jamás, que la fuente existencial reside en el alma, en el esfuerzo de acompañar viviendo y dejando vivir; hasta el extremo, de que  ningún poder humano, puede apoderarse del sagrario impenetrable de la libertad del sentimiento. Por desgracia, hoy sólo vemos hacia el horizonte de la posesión, del tener y del poder. Nos mueve este sistema degradante; y no, escuchamos lo que brota de las entrañas. La confusión nos está adormeciendo nuestro inconfundible sentido natural, el amor de amar amor, lo que somos: ¡amor!