‘ANTE EL VIOLENTO RADICALISMO CATALÁN‘. “Hagamos valer el Estado de Derecho en Cataluña”
Mantener el orden público es fundamental en cualquier Estado democrático de Derecho, y la primera obligación de todo gobierno reside en garantizar la convivencia democrática dentro de la ley de leyes, o sea de la Constitución, pues el imperio de la norma está para ser cumplida por todos, ya que es la expresión de la voluntad popular. Por ello, la violencia hay que condenarla siempre. Los hechos violentos no pueden quedar impunes y las instituciones están obligadas a colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones armónicas entre todos los pueblos. El fanático radicalismo que impera hoy en la Comunidad Autónoma Catalana, debe cesar cuanto antes. Necesitamos otro espíritu más conciliador, dentro de ese carácter democrático de Derecho, que se ha de centrar en las personas, proporcionando entornos efectivos de respeto y consideración, con la aceptación global de los valores.
Tenemos la fortaleza que nos da la propia norma al
concebir la indisoluble unidad de la Nación española, patria de todos, donde ya
se reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y
regiones que la integran y la solidaridad entre todos los pueblos, respetando
eso sí, sus culturas, tradiciones, lenguas e instituciones. En consecuencia, hemos
de ser contundentes a la hora de imposibilitar que las amenazas se propaguen y
se continúe deteriorando la imagen de
una España fiel a los valores superiores de su ordenamiento jurídico, a ese
espíritu libre, justo, igualitario y enriquecedor por su carácter plural.
La atmósfera de crueldades violentas que se esparcen por doquier ciudad o pueblo catalán, rompe la convivencia y esto tiene que ser impedido en todo momento. El Estado de Derecho tiene armas suficientes para que finalicen de una vez por todas. Ya está bien de tantas vueltas y revueltas terroríficas, pongamos calma y activemos la aplicación de la ley con su peso en el cumplimiento de la norma. El diálogo no puede surgir ajeno a ese espíritu normativo constitucional. Necesitamos otros acordes más equitativos, de justa concordia para combatir la siembra de odio y violencia que algunos gestan en su diario existencial. Cataluña forma parte de España, y como tal, sus ciudadanos y también sus poderes públicos, están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Hagamos valer el Estado de Derecho en Cataluña.
La vía del diálogo solo es posible respetando
determinadas reglas de juego que entre los españoles nos hemos dado, justo el
día en que las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la seguridad
jurídica, a través del principio de legalidad. Por tanto, una minoría no puede
imponer reglas a su antojo, en una
sociedad democrática avanzada como es la española, y máxime propiciando que
multitud de personas se vean atrapadas en situaciones crueles, de incertidumbre
y desesperación. Lo último que necesita cualquier país es verse acrecentado por
olas violentas radicales, que lo único que generan son sufrimiento y huida de
personas afectadas. La comunidad autónoma catalana, hoy más que nunca, requiere
de sus gobiernos estabilidad y prevención de los conflictos. Sin duda, con la
destrucción de las instituciones democráticas, y el menoscabo del Estado de
Derecho, lo que prospera son las ideologías extremistas, y por ende, el
sectarismo y la rebeldía. Es público y notorio que cuando las sociedades no son
respetuosas y cuando los gobiernos no son responsables, es difícil avanzar,
porque surge el discurso del odio y las violaciones a los derechos humanos.
Espinoso poder trabajar así la ciudadanía, unidos en la construcción de un
futuro mejor para todos, por mucha creatividad que le pongamos.
En la taberna de Hemingway vive un rey. Ingenioso y divertido, lleva a su misterioso reino a quien lo pida, para después devolverle a la realidad de su vida, borrando del recuerdo todo lo que allí vivió. El rojo rubí es su color favorito. Unas veces está como un mar, hecho un plato, tranquilo. Otras, es torrente caudaloso que se desborda por los riscos de los montes, sin causa ni sentido. Puede parecer tu mejor amigo, pero si le pierdes la mirada, te traiciona y olvida que una vez te conoció. Le llaman vino.
Manolo el pintor está en una esquina. Una vez escuché que, cuando era niño, se perdió y algo (que nunca se supo) le ocurrió en la ¨Rambla de las Brujas¨, una solitaria senda que une mi pueblo con el mar. No habla con nadie y ahora vive sólo en una cueva del Sacro Monte de Granada. Tiene un burro, algunas cabras y también gallinas. Pinta poco, pero cuando lo hace, son dibujos sin vida, grisáceos, oscuros, de niños llorando y llamando a sus madres. En aquella esquina, rodeado de finos hilos de humo está Antonio, un escritor ya anciano, hablando de lo rápido que pasa la vida y contando anécdotas divertidas de su juventud. Además, Antonio conoce como nadie mi pueblo, en toda su extensión. Cada vereda, cada monte, cada calle…
Entre ellos hay un río de gente que produce un murmullo constante, parecido al ruido de la corriente. Un murmullo, ni siquiera interrumpido por los golpes del cristal contra el pino cada vez que Lola, la tabernera, sirve en la barra otro vaso de vino. Allá al fondo, Luis, el ¨cantaor¨, bebe para olvidar un viejo amor y trata de recordar cualquier canción. Por fin se arranca, con un cante de las minas, cantando como mineros y marineros ¨los dos se juegan la vida¨. Mientras, en la taberna de Hemingway, se ven pasar más aceitunas, vino, rabanillos, chorizo y morcilla, que la gente transporta de un lado a otro por ese río de personas, sonriendo, charlando y haciendo amigos. La puerta está abierta y, aunque estamos en Noviembre, no hace frío. Empieza a llover. En la chimenea, Lola ha metido una sartén enorme con migas y ha puesto a Arturo a removerlas y le dice: ¨¡Con alegría!¨. Primero llueve mansamente, luego con furia. El agua lo conquista todo, a su paso calle abajo. Un aguacero cae fuerte sobre el asfalto. Ya no se escucha el enorme alboroto que sale del lugar. Sólo lluvia. ¿Como se llama la música que hace la lluvia? Imagino de pronto estar sentado con Hemingway, allí, en el tranco de aquel bar, charlando de cualquier cosa o simplemente callados, mirando como llueve e imaginando un mundo mejor… Entonces despierto de mi breve ensoñación, porque alguien me da una cuchara y, con ella en mano, me arrimo a las migas. Todos comen despacio, nadie tiene prisa. Alguno ni siquiera tiene donde ir, cuando entre la noche y se vaya el día.
Fue entonces cuando chocó conmigo el viejo Kiko. Se disculpó. Nos sentamos juntos, bebimos vino y nos hicimos amigos. ¨Subí hasta lo más alto, escalé montañas y salté por donde nadie se atrevió a saltar¨, me dijo. ¨Crucé mares y océanos navegando hasta el infinito. Una vez, dos veces, mil veces tropecé y caí por pozos secos, hondos y oscuros, pero siempre me levanté con fe, al ver un nuevo amanecer. Conocí al toro y a la higuera y aprendí de la hormiga el coraje en la constancia. Entonces descubrí que este valle de lágrimas es, en verdad, el paraíso perdido y me di cuenta que los árboles tienen razón, hay que buscar la luz, como hace el ciprés, el aguacate, el olivo…, hay que ser como el sol, dar calor sin esperar remuneraciones de nadie¨ Entonces preguntó: ¨ ¿Estás de acuerdo amigo?¨ Respondí ¨si¨ (sin estar muy seguro si lo entendía) Prosiguió y al rato me di cuenta que ya no era él quien hablaba, era el vino.
Hacía tiempo que Miguel sabía que
el bosque le hablaba. No solo a él, sino que entre todas las criaturas que lo
formaban, utilizaban un lenguaje oculto a los ojos de la mayoría.
Miguel era sordo de nacimiento, por
lo tanto su mundo estaba lleno de silencios. Al menos externos, porque el resto
de sus sentidos se habían desarrollado de tal manera, que suplían con creces
las carencias de su oído.
Por eso desde muy pequeño, se
apartaba de la gente. Había nacido en una pequeña aldea de montaña, un sitio
privilegiado en cuanto a paisajes y naturaleza se refiere, pero con todas las
carencias propias del medio rural. El hospital más cercano estaba a más de cien
kilómetros de su casa y la escuela a la que asistía, en el pueblo vecino – en el
suyo ni tan siquiera había una – carecía de los medios necesarios para hacer
posible su integración.
De manera que esa falta con la que
nació, que en otro lugar más desarrollado hubiese pasado casi
desapercibida, marcó su vida y la
relación con su entorno.
Decidió pues apartarse de quienes
creían que el único medio de comunicación era el verbal y se refugió en ese
otro, que tantas cosas le decía sin hablar.
Sentía el aire cuando se convertía
en brisa y acariciaba su piel, moviendo su pelo y jugando a hacerle cosquillas;
olía la tormenta cuando aún lucía el más espléndido sol; sabía los frutos que
podía recoger, por el aroma que desprendían las hojas; y notaba la época del celo, porque sus sentidos
se enervaban por el halo que las hembras
dejaban tras de sí.
Se había hecho uno con el bosque y
el bosque lo sabía, también lo consideraba ya parte de sí mismo. Se hizo un
experto observador y poco a poco fue comprendiendo ese lenguaje insonoro, con
el que algunas de las criaturas del
bosque, se comunicaban ente sí.
En la laguna de los sauces (nunca
supo muy bien porqué la llamaban así, ya que por esas latitudes no había ningún
ejemplar de tan llorona especie), había una colonia bastante importante de
cedros, no estaban agrupados entre sí, sino que crecían guardando una curiosa y
evidente distancia entre ellos.
Ese era uno de sus espacios
preferidos. Estaba lo suficientemente alejada del pueblo, para que casi nadie
se aventurase hasta ella y lo bastante cerca, para poder pasar allí las tardes
y poder volver sin temor a que le sorprendiese la noche en el camino.
En un viejo castaño, construyó su
nido, que compartía con dos parejas de ardillas y una verdadera colonia de
pájaros cantores, que aunque él no podía escucharlos, sí notaba la vibración
que con sus trinos dejaban en el aire.
Desde allí divisaba no solo la
laguna entera, sino también los diferentes árboles, que hacia lo lejos iban
formando una extensión cada vez mas espesa.
Así fue como empezó a entender el
lenguaje de esos maravillosos y soberbios seres, que se erguían sobre la tierra
dando frutos y sombras.
Por aquellas latitudes, la
diferente fauna animal que poblaba el monte, se movía más o menos a sus anchas.
A base de vivir en el silencio, Miguel había aprendido a formar parte de él,
sus movimientos y maneras eran tan sutiles, que llegaba a pasar casi
desapercibido para los demás. Quizás por eso, o quizás porque a base de acudir
cada tarde durante tantos años al mismo lugar, había acabado por adquirir
sus propias cualidades, como el olor,
incluso la textura y el color, los animales no se espantaban ante su presencia.
A él le gustaba observarlos, lo
hacía desde su particular mirador y aprendía de ellos, sus costumbres, sus
ritos, sus relaciones…
Eso era lo evidente, pero a base de observar y
observar, comprobó que no todo era lo que parecía y que hasta los que en teoría
no hablaban, como él, también lo hacían.
Fue en primavera cuando se percató
de lo que aunque llevaba años viendo,
nunca había racionalizado.
Cuando llegaban los ciervos, siempre
se agrupaban en torno a uno de los cedros y comenzaban a devorar sus hojas más
bajas, sin embargo, cuando lo abandonaban y se disponían a devorar al siguiente, incomprensiblemente,
y esto ocurría siempre, apenas rozaban su corteza, unos bramidos desesperados
los alejaban del que supuestamente era para ellos un delicioso manjar.
Decidió comprobar por él mismo que
era lo que ocurría, había chupado alguna vez, mientras jugaba, las hojas de
estos árboles y nada en su sabor hacía comprensible la actitud de los ciervos,
y más cuando acababan de devorar otro ejemplar.
Entonces, una tarde, decidió probar
las hojas del que huían despavoridos, apenas lo acercó a su boca, escupió
espantado ese amargo regusto que la hoja le había dejado.
No tardó mucho en comprobar la
evidencia, apenas unos días más de observación desde su atalaya. El cedro
primero, el que era devorado, enviaba un mensaje al resto de sus compañeros,
que producían inmediatamente, ante la voz de alarma del primero, una sustancia
amarga que disuadía a los ciervos de seguir devorándolos.
Fue así como comprobó que los árboles hablaban sin hablar, y fue así también como entendió, que dentro de él, también existía el mismo lenguaje, hecho de silencios.
UN PLANETA PARA TODOS. “Nuestro interior tiene que arder en donación”
Víctor Corcoba -escritor-
Nadie vive por si solo en un planeta que es para todos. Lo sabemos, pero en realidad lo cultivamos bien poco, porque entendemos mal esta compleja trama de relaciones interpersonales que supone vivir en sociedad, desde el respeto a cada cual, que es lo verdaderamente valioso para poder convivir unidos. La consideración hacia toda existencia es el primer efecto del cambio, porque es desde el afecto como se pueden modificar actitudes. Con frecuencia, olvidamos que somos seres pensantes, lo que conlleva raciocinio y humanidad, poder sentirse parte del proyecto de vida, concebirse acogido, amado siempre, conciliado y reconciliado con sus análogos, que han de alentarse a vivir mutuamente. En consecuencia, esta diversidad de rostros y de rastros, deben transformar nuestros corazones, para reencontrar esa unidad, que no uniformidad, que en el fondo anhelamos y que no damos respuesta, en parte por nuestro desinterés y falta de comprensión hacia los demás. Ya está bien de pensar en uno mismo, de anteponer nuestro éxito personal ante todo y sobre todo.
Lo cierto es que la atmósfera individualista y
privilegiada de algunos moradores, suele trabajar con lenguajes egoístas, que
en lugar de construir espacios armónicos, los destruye imponiendo entornos
hostiles. Únicamente el egocentrismo y el rencor tienen terruño en nuestro ser,
la fraternidad apenas cuenta en nuestro diario acontecer. Por eso, a mi juicio, es vital que las operaciones de
mantenimiento de la paz sean más agiles, fuertes y seguras; al tiempo que se
reparen injusticias y se reconstruyan áreas seguras. No tenemos más que un planeta para todos, y en
las contiendas no únicamente se liquidan vidas humanas, también se arruinan
entornos, se envenenan suelos y se sacrifican animales, se contaminan ríos, se
queman cultivos, se talan bosques, porque en las guerras no olvidemos que todo
se pierde y que todos perdemos algo, al menos esa área pacífica que necesita
cada corazón, al prevalecer inexorable
la lógica de la envidia y de la violencia. Por desgracia, el ser humano
continua teniendo sed de libertad y sosiego en una tierra prepotente a más no
poder, que no se entiende ni a sí mismo, y tampoco se deja atender por el
raciocinio, porque al fin todo lo basa en el poder y en la fuerza.
El orgullo, complemento de la rudeza, nos viene dejando
sin luces. Hoy más que nunca es necesario construir entre todos, entre esta
humanidad globalizada, otros horizontes más humanos, fruto de la victoria sobre
nosotros mismos, sobre las potencias del odio y la venganza, que tanto nos
desfiguran como nos deshumanizan. Es menester, por tanto, que las nuevas generaciones
activen mucho más el corazón que la coraza, se muestren más abiertos y no
encerrados en particularismos que lo único que provocan es división, y todo
este buen hacer, se active bajo un contexto de comprensión y diálogo. Nuestro
interior tiene que arder en donación. El entendimiento es nuestra mediación. De
ahí la importancia de la palabra en el momento oportuno, de ese culto a la
verdad que nos hace corregir errores y enmendar comportamientos, de esa
personalización solidaria en cuanto a modos y maneras de vivir. En cualquier
caso, hemos de preservarnos de todo agente contaminante que nos impida dejarnos
acompañar, para poder crecer humanamente, oyendo el clamor de pueblos enteros,
o la caída de esos recursos naturales, que también son nuestro medio de
subsistencia.
Desde luego, para todos hemos de activar ese planeta fértil,
cuyos ecosistemas no pueden ser destruidos en venganza por la mano del hombre,
pues esta maldad es la raíz de muchos males. En vista de lo cual, resulta
imperioso que los gobernantes y los diversos poderes, ya sean jurídicos o
financieros, legislativos o ejecutivos, reorienten los males de nuestro mundo,
hacia otras formas de servicio desinteresado, procurando que haya trabajo
decente para todos, así como también educación
y cuidado de la salud para toda la ciudadanía. Esto que ha de ser
humanamente aceptado, todavía se pone en duda. Además, se ha denigrado tanto la
política que ha llegado a ser un gran negocio para algunos. Por consiguiente,
si realmente queremos alcanzar otro ambiente más justo y habitable, aparte de
que ningún gobierno puede actuar al margen de su responsabilidad legal, hemos
de huir de esos ambientes ideológicos que
nos enfrentan, y caminar hacia otras perspectivas mejor coordinadas y
dirigidas, superando cualquier desconfianza entre humanos e integrando a los
diferentes.
La dignidad que todos nos merecemos, por el hecho mismo
de ser persona, y el sueño de ese bien colectivo que todos nos deseamos, por el
cometido de formar parte de ese vínculo ciudadano, están por encima de la
tranquilidad de algunos que no quieren declinar de sus privilegios. Cuando
estos valores se ven afectados en una tierra que es de todos y de nadie en
particular, es necesario un cambio de líderes que desarrolle esa universal cultura
del encuentro en una nítida concordia, que pase por hacer realidad el auténtico
abrazo conjunto en una casa que es morada colectiva. Las instituciones, por
ende, si quieren ser estimadas han de permanecer en servicio permanente, en
guardia a todas horas y huir de toda
confusión y abuso.
Miró su foto de novia y no pudo evitar que la tristeza la embargara de nuevo. Se la veía tan feliz, tan joven, tan llena de ilusiones… y a él también. El caso es que a él también. ¿Cómo pudo engañarla durante tantos años?
Durante veinte años
había permanecido casada con el que había creído el hombre de sus sueños, el
hombre de su vida, con el que se haría vieja viendo crecer a los hijos primero
y a los nietos después.
De eso hacía ya mucho tiempo, parecía como si hubiese
ocurrido en otra vida, pero esa vieja fotografía trajo a su memoria lo que hacía mucho tiempo había querido
desterrar de ella
Debió haberlo sospechado, pero era tan inocente, tan inexperta, que pensó que
aquello era normal, que formaba parte de la rutina de las parejas. Además
tampoco había sido nunca especialmente fogoso. De hecho para que naciera
Laura casi tuvo que rogarle que hiciese
lo que según sus amigas, sus maridos les pedían a todas horas.
Contuvo las lágrimas y dejó la fotografía. No debió habérsela
llevado. Había decidido poner fin a esa etapa de su vida y comenzar una nueva.
Llevar restos de su pasado no era el mejor comienzo.
Había empaquetado casi todo lo que pensaba llevarse, la ropa
de los niños, sus juguetes, sus libros. Suyo poco llevaba, lo puesto y un par
de mudas.
Su abogada le había aconsejado que se quedase en la casa, al
ser suya la custodia de los niños le correspondía. Pero no quiso. Allí había
demasiados recuerdos, algunos tan dolorosos que parecían haber cobrado
corporeidad y presencia. De hecho siempre que pasaba por la puerta del
dormitorio, al que no había vuelto a entrar desde que descubrió a su marido –
esa imagen de los cuerpos abrazados se venía a ella como un doloroso golpe
bajo- el corazón se le encogía en el pecho. Por eso sabía que quien debía irse
era ella, para borrar de su mente esa escena que había vuelto del revés su
mundo.
Aunque posiblemente su mundo estuvo del revés siempre, pero
claro, ella no lo sabía.
Nunca había estado con otro hombre más que él. Eran otros tiempos, y tampoco había tenido
muchas más oportunidades. Se enamoró con
apenas 14 años y a pesar de la indiferencia que en un principio mostró hacia
ella, nunca fue capaz de interesarse por otro que no fuese su Carlos.
Lo lloró durante años. Años en los que parecía que él ni
siquiera había reparado en ella. Pasaba por su lado como si no la conociera y jamás le prestó la más mínima
atención.
Cuando se fue a la mili le pidió a su primo la dirección de
su amor y así fue como inició una correspondencia, que milagrosamente dio la vuelta a su situación.
Puede que fuese la soledad que decían sentir todos los que en
aquellos tiempos debían abandonar su hogar para hacerse “hombres”; o puede que
el tener una novia que te escribiera cartas fuese algo así como un grado en aquellos
lejanos cuarteles. El caso es que así empezó su noviazgo. En una carta se le
declaró y en otra ella le contestó que sí.
Cuando volvía de permiso salían a pasear juntos. Él la
invitaba a un refresco y luego la acompañaba a casa.
Ya entonces debió notar algo. No solo no intentó nunca
propasarse, sino que ni tan siquiera le pidió jamás un beso.
Aunque eso entonces la hacía sentirse orgullosa. Su confesor
le decía que eso demostraba cuánto debía quererla, ya que la respetaba como lo
que era, una mujer decente.
Solo una vez, al terminar el servicio militar, la llevó a
bailar para celebrarlo. Allí coincidieron con antiguos compañeros de él y
Carlos se emborrachó. Ese día sí la manoseó. Frunció el gesto al recordarlo. Le
hizo daño. Le estrujó el pecho como si tuviese un papel viejo entre las manos y ella gritó. Él se disculpó
pensando que ese grito era una protesta en defensa de su honor, pero no era
así, gritó porque le hizo daño.
Tras casarse, sus encuentros amorosos no fueron mucho más
satisfactorios que ese primer contacto en el baile. Por eso, aunque sus
momentos íntimos se distanciaban bastante en el tiempo, ella casi lo prefería.
Aún así siempre que veía una película en la que los
protagonistas se acariciaban y se besaban con dulzura primero y con pasión
después, una añoranza triste y desconocida se aferraba a su pecho. Ella
desconocía los placeres de Eros y llegó incluso a culparse de no sentir más
allá del dolor que sus cada vez más
espaciados encuentros le proporcionaban.
Por todo eso quiso irse de allí, necesitaba distancia para
asimilar y entender todo lo que le había ocurrido, el engaño en el que había
vivido durante tantos años.
Y posiblemente por eso, no podía pasar cerca de esa
habitación en la que todo ese tiempo añoró algo que desconocía, porque fue ahí
precisamente en esa cama en la que nunca encontró placer, donde vio a su marido
abrazando, besando y poseyendo como jamás lo había hecho con ella, a aquel hombre…
Oscuros tiempos, de miedos y mentiras. Ella perdió su
juventud y sus sueños por un engaño. Pero posiblemente en aquella época los
engañados fueron todos, quizás el primero, el mismo Carlos.
MANIFIESTO SOBRE EL NUEVO PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN URBANA (P.G.O.U) DE ALMUÑÉCAR Y LA HERRADURA
VISTA DE ALMUÑÉCAR (Foto: Archivo)
Los abajo firmantes, profesionales independientes, Abogados, Arquitectos, Técnicos de la Construcción, Ingenieros y Promotores, Administradores de Fincas, ante la publicación y exposición pública de dicho plan, nos vemos en la obligación de manifestar nuestra opinión sobre el mismo:
De entrada nos parece muy grave que un Plan de Ordenación que va a configurar el modelo de desarrollo que queremos para futuro inmediato de nuestro municipio y cuando menos para los próximos veinte años que consideramos ha de nacer del más amplio consenso social en tanto que afecta a todos sus habitantes actuales como a futuras generaciones se pretenda aprobar sin dar ninguna posibilidad de participación en su elaboración y propuestas a los distintos los sectores sociales de Almuñécar a los que no se ha convocado absolutamente para nada ni para explicarles su contenido ni para recabar sus propuestas cuando ya se han agotado más de dos meses desde su aprobación inicial. Por tanto creemos que, sin perjuicio de los trámites legales de exposición pública, es absolutamente imprescindible se abran de inmediato vías de participación en la elaboración de dicho documento a todos los sectores sociales de Almuñécar a fin de que los mismos puedan hacer propuestas de futuro para su incorporación al Plan porque entendemos que para que este pueda tener un mínimo desarrollo en el tiempo ha de ser necesariamente resultado del más amplio consenso social y político y no resultado de la imposición de algunos.
También apreciamos y lamentamos que en la tramitación de este Plan se haya ocultado a la población del municipio toda la información medio ambiental elaborada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en los periodos legalmente establecidos para que dicha información se hubiere producido.
Dicho lo anterior también hemos de trasladar a la opinión pública de Almuñécar nuestra preocupación ante algunas de las propuestas que contiene el Plan General aprobado inicialmente, de las que, específicamente, y a solo modo de ejemplo se resaltan las siguientes:
– No observamos en dicho Plan ningún proyecto de ciudad y ninguna ambición de futuro para la misma, imprescindible para quebrar la situación de grave parálisis que vive actualmente Almuñécar como confirma la creciente pérdida de población que le aqueja. Y ello además en un momento en que por la Junta de Andalucía se publicita la apertura de vías para facilitar la inversión privada.
– En el ámbito de desarrollo turístico el Plan aprobado inicialmente reproduce el modelo estacional casi agotado «de sol y playa» al tiempo que cierra Almuñécar a inversiones privadas que permitirían articular modelos alternativos que aún conviviendo con el «de sol y playa» permitieran articular otras alternativas de desarrollo turístico que ampliara el modelo estacional propio de aquel a ocupaciones más regulares a lo largo del año. Tales potenciales inversiones nos consta que no constituyen ninguna entelequia irreal sino que están tocando a nuestra puerta que se concretan en importantes instalaciones hoteleras, campos de golf, centros lúdicos comerciales, etc. Las propuestas de futuro del Plan aprobado siguen centradas, de modo muy principal, en el modelo vacacional de corto plazo de ocupación, sin prever, con la necesaria ambición, nuevos equipamientos públicos y privados de interés turístico que mejoren la oferta turística del municipio que permitieren potenciar las nuevas formas de turismo activo, turismo cultural, etc.
– Se reiteran errores del pasado convirtiendo algunas áreas, como por ejemplo, La Sandovala en una zona de bloques de apartamentos turísticos incluyendo previsión de edificios de hasta 8 plantas de altura en directa colindancia con equipamientos públicos de una sola planta, quebrando de ese modo la posibilidad de convertir dicha zona, en directa colindancia con el centro poblacional, en un área de modernización y ampliación del sector turístico de la ciudad.
También, mediante la reimplantación de las antiguas «zonas verdes privadas» ahora denominadas de «protección de laderas» como espacios sin previsión de gestión urbanística alguna, pero sí privando a sus propietarios de cualquier aprovechamiento urbanístico imponiéndoles así una ilegítima limitación exorbitante de su derecho de propiedad y, de ese modo, una suerte de confiscación carente de todo sustento legal.
– No se ponen en valor ni actualizan áreas del casco urbano como Caletilla-Paseo Prieto Moreno, zona de la Carrera de la Concepción, rotondas de acceso a la ciudad desde la CN 340 ni se mejora ni prevé la racional incorporación de dicha vía a la red viaria del municipio que permitiera hacer desaparecer la actual barrera que supone dicha CN 340, que parte en dos la ciudad. No se prevén necesarios corredores peatonales verdes que conectaren los distintos parques municipales y las zonas monumentales del municipio. Se ignora la necesaria creación de una vía rodada de circunvalación de la ciudad que dote de la debida conectividad por el Norte a las áreas que se desarrollan alrededor del Moruno (Oeste) y del Zahonado (Este). Tampoco la necesaria conexión de toda la zona vinculada a la comercialización de subtropicales con la autovía del Mediterráneo en orden a evitar la circulación de vehículos de gran tonelaje por el interior de la ciudad con los peligros que ello engendra.
– No se prevén zonas racionalmente integradas para habilitar los desarrollos industriales que reclama la ciudad desde hace tantos años que eviten su actual errática dispersión y/o evitar que los mismos hayan de implantarse en municipios colindantes.
– Se trata de un Plan trasnochado a fuer de intervencionista a cuyo través, mediante la generalización, por ejemplo, de Áreas denominadas de Mejora urbana (AMU) en suelos urbanos consolidados, con manifiesto incumplimiento de la legalidad se pretende esquilmar a los propietarios de las urbanizaciones privadas de todo el término municipal imponiéndoles la ejecución a su cargo de obras de reurbanización de las mismas, prescindiendo de la importante participación de los mismos en la dotación del erario municipal a través del Impuesto de Bienes Inmuebles, sin que por el Ayuntamiento se haya planteado la más mínima reversión de tan significativas aportaciones mediante el adecuado mantenimiento de las infraestructuras y servicios urbanísticos de dichas urbanizaciones.
– Se proyectan arbitrarias zonas de reforma interior en suelo urbano (ARI) en áreas totalmente consolidadas de modo manifiestamente injustificado y/o arbitrario incluso con previsión de reducción de aprovechamientos urbanísticos ya patrimonializados por sus propietarios.
– Se desarrollan propuestas para zonas que se denominan Áreas Homogéneas de Incremento de aprovechamiento (AHIA) que encierran previsiones de legalización de graves irregularidades urbanísticas que ya cuentan incluso con órdenes de demolición.
– No contiene previsiones de ningún tipo en orden a la estabilización, desarrollo y/o ampliación de las áreas de alto rendimiento agrícola de subtropicales existentes en nuestro municipio que le permitieran dar un gran salto adelante que exigirían previsiones relativas a nuevas dotaciones de regadío ya fueren procedentes de los embalses próximos Béznar-Rules como mediante reutilización de aguas residuales.
– En definitiva y como conclusión apreciamos un Plan realizado por personas ajenas a este municipio desconocedores de su historia urbana que se limita a proponer el mismo modelo de crecimiento del Plan que revisa pero sin dar ninguna respuesta convincente a los problemas que limitan el desarrollo y crecimiento de nuestra ciudad ni a sus retos de futuro, condenándola, de ese modo, a la parálisis alejándola del desarrollo y crecimiento que se está trasladando a municipios vecinos como Salobreña o Motril en la provincia de Granada o hacia las áreas próximas de la Costa del Sol malagueña.
Firmado: Juan José Sánchez Busnadiego, Abogado. Luis Rodríguez-Passolas Cantal, Ingeniero. Francisco García Castillo, Arquitecto Técnico. Francisco J. García Castillo, Arquitecto Técnico. Antonio David Sánchez Jiménez, Abogado. Francisco A. Parra Zarcos, Abogado. Juan José Jerónimo Bustos, Arquitecto Técnico. Francisco Castillo Cervilla, Arquitecto Técnico, Gonzalo Antequera Ruiz, Promotor. Luis M. Daza Ramos, Abogado. Emilio Linares Aguilar, Arquitecto Técnico. José L. Rodríguez-Passolas Sánchez, Arquitecto. Nicolás Carrillo Morales, Administrador de fincas. María Dolores Jiménez Jerónimo, Arquitecto. Daniel Montalvo Martín, Abogado. José Millán González, Arquitecto. Marcial Quesada López, Administrador de fincas. Rafael Cabello Trujillo, Promotor. José María Tirado Acebes, Arquitecto Técnico. Claudine Gendre, Gestión Inmobiliaria, Miguel Arcos Rodríguez, Promotor. Manuel Montilla Ruiz, Arquitecto. Alfredo Archilla López, Procurador. Jesús Ruiz Peralta. Promotor.
NUESTRAS HUELLAS NO FENECEN. “La fuerza del testimonio de los que nos
precedieron está en haber vivido amando”
Somos gente en camino y, con nuestros andares, hemos de tener el valor de sembrar vida. Cuidado con esos poderes destructivos. Nuestras huellas no fenecen. Fomentar el encuentro desde la sencillez y una atmosfera vinculante a lo armónico, aparte de ser algo innato en nosotros, es fundamental para proseguir con la continuidad del linaje. Lo importante es no endiosarse, ni creerse superior a nadie, sino parte del mundo, con el que uno ha de colaborar y cooperar haciendo familia. Desterremos, por tanto, la cultura de la exclusión; aquella que margina a la gente no productiva, que descarta a los jóvenes sin trabajo, o que aparta y discrimina a determinadas personas por razón de género, raza o cultura. De ahí lo transcendente que son otros cultivos humanísticos, que además hoy requieren de una intensa movilización estética y de una extenso compromiso de los Estados en favor de la humanidad. ¡Cuántas esperanzas rotas! A propósito, me viene a la mente el que las mujeres en buena parte del planeta sigan marginadas en los procesos políticos o de paz. O esos escenarios de montañas sin hielo, de ríos sin agua, o de océanos sin vida, por nuestra irresponsabilidad de modos y maneras de vivir. Por eso, es vital un cambio de comportamiento, una actuación más de corazón a corazón, pues está visto que la huella de un anhelo no es menos real que la de un cruzarse de brazos y no inmutarse por nada.
Tenemos que despertar y hacer de nuestra vida un reencuentro con el análogo, sin muros que nos separen, pues todos hemos de tener cabida y consideración. La humanidad, en su conjunto, tiene que saber mirar al pasado, para poder reinventarse otro futuro. Parece que no queremos aprender de las vivencias de nuestros predecesores. Sabemos que el fruto de la guerra es la muerte. Sin embargo, hacemos bien poco por su cese. Para bien o para mal ahí quedarán nuestros rastros, y tal vez con ellos también nuestros rostros, nuestra propia esencia viviente, demasiado preciosa para no vivirla y hacerla un infierno. La fuerza del testimonio de los que nos precedieron está en haber vivido amando. Ojalá aprendamos a recordar y hagamos memoria, al menos para entender que somos lo que somos, porque alguien fue antes que nosotros, y esto nos lleva a reflexionar sobre nuestras raíces familiares, y también sobre nuestra misión humana, la de hacer camino sin equivocarnos de senda. En consecuencia, no perdamos jamás el horizonte que nos enraíza en una historia, en un pueblo, en un país, en un mundo más hermanado en definitiva, lo que nos exige tener un techo, sin duda un requisito fundamental para poder salir de la extrema pobreza. Verdaderamente en nosotros ha de estar impreso el sello que nos une, aquel que se sumerge en el recuerdo de los que se han ido, o quizás estén entre nosotros esperando ese común latir que nos concilie. La maldad coexiste, pero no sin la bondad, como la noche existe, pero no sin el día; es cuestión de tomar el pulso que nos fraternice.
Lo mismo sucede con la pausa a tomar. La muerte nos sepulta, pero quizás nos trascienda y transforme en una comunión de luz; y, sobre todo ahora mismo, nos hace pensar más en la vida, que es lo que en realidad uno debe temerle. Nos lo recuerda en una frase célebre el inolvidable escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986): “La muerte es una vida vivida; sin embargo, la vida es una muerte que viene”. En efecto, la caducidad de esta temporalidad viviente es un hecho más próximo cada día a su mística. A todos nos llega la hora del fin. No hay que desalentarse, sabiendo que los pequeños gestos interiores de cada día, son los que realmente nos hacen crecer como personas, incluso en medio de la debilidad humana, y son los que permanecerán. Precisamente, son esos mínimos movimientos de amor hacia los demás, los que nos hacen florecer y tomar entusiasmo por la vida. Ya está bien de batallas, de injertarnos violencia en los corazones, de mentirse uno así mismo, pues si en verdad deseamos vivir, tenemos que conciliar otras bondades, otros modos de cohabitar muy distintos y distantes del momento actual. En cualquier caso, a todos nos conviene iluminar la oscuridad, enhebrar otros espacios donde se active la paz interior, al menos para sentirnos más vivos, y por ende, también más humanos. Confiemos en que las generaciones venideras aprendan para vivir mejor, vertiendo quietud a nuestro alrededor, volcando serenidad, creatividad, sensibilidad y comprensión en cada paso. Acrecentar cada amanecer ese poema para el que hemos sido llamados, aparte de darnos emoción, la llamada al diálogo siempre vuelve a resonar para ofrecernos una existencia auténtica, más transparente y más gozosa.
Le trasladamos el comunicado de la Plataforma 8 de marzo y 25 de noviembre
CONCENTRACIÓN…
La Plataforma 8 de marzo y 25 de noviembre de Granada ha convocado concenteración para el próximo lunes día 4 de noviembre a las 19 horas en la Plaza Nueva, en apoyo a la menor de Manresa y en protesta por la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que condena por ABUSO, y no por AGRESIÓN SEXUAL a cinco de sus miembros, con penas de entre 10 y 12 años de cárcel y absuelve al sexto acusado que se masturbó mientras presenciaba la violación por turnos, sin que hiciera nada por impedirlo. Considera la sentencia que no existió intimidación, elemento central para que los hechos puedan ser considerados como agresión sexual y no como abuso, porque –según la sentencia esta fue innecesaria para vencer la voluntad de la victima que en aquel momento tenía 14 años y estaba en situación de embriaguez. Y ello a pesar de la acusación de agresión sexual por parte de la Fiscalía y de la reciente sentencia del Supremo a propósito del caso de de “La Manada” de Pamplona, ilustrativa de los criterios con los que debe valorarse la existencia de intimidación al considerar que esta «no ha de ser de tal grado que presente caracteres irresistibles, invencibles o de gravedad inusitada, sino que basta con que sean suficientes para alcanzar el fin propuesto».
¿Cómo puede afirmarse que no existió violencia, dados los hechos, y cuando la misma sentencia recoge que se trató de un acto «extremadamente intenso y especialmente denigrante»?, ¿cómo es posible que aprovecharse de la embriaguez o incapacidad para defenderse actúe como atenuante y no como agravante?, ¿tendría que haberse resistido para que la intimidación y violencia fuese “suficiente”?
Urge el cambio legal que venimos demandando para que se denomine a todas estas conductas como delito de agresión sexual, donde lo determinante sea la existencia o no de consentimiento, expresado de forma directa o indirecta y cuya mayor o menor gravedad dependerá de los circunstancias concretas que concurran (violencia añadida, penetración, múltiple o no…). Es necesario que toda la sociedad se implique para acabar con las ideas y estructuras que alimentan esta forma de violencia de género: la consideración de que las mujeres son meros objetos de los que se puede disponer prescindiendo de su voluntad, cuya obligación es complacer los deseos masculinos al margen de los propios; la existencia de una doble moral a la hora de enjuiciar la sexualidad de mujeres y hombres que castiga la libertad sexual de las mujeres; la idea que los hombres tienen, y deben tener, una sexualidad irrefrenable “si son realmente hombres”… Con esta concentración pretendemos: – EXPRESAR nuestro apoyo a las víctimas de esta y todas las agresiones sexuales y nuestro rechazo a esta sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona. No es abuso, es violación. – EXIGIR:
El respeto a nuestros derechos y libertades fundamentales, entre ellas, nuestra libertad sexual.
La modificación del Título VIII del Código Penal sobre los delitos contra la libertad sexual.
El desarrollo y ampliación de la educación sexual y en igualdad que contribuya a la erradicación de estas conductas.
Que se garantice la formación los operadores jurídicos para que la Ley se interprete yse aplique con perspectiva de género..
HACER UN LLAMAMIENTO a la implicación y movilización ciudadana para desterrar las agresiones sexuales de nuestra sociedad y en solidaridad con la víctima de Manresa.
NO ES ABUSO ES VIOLACIÓN. SOLIDARIDAD CON LA VICTIMA DE MANRESA Granada, 3 de noviembre de 2019 Plataforma 8M y 25N
UNA BREVE HISTORIA DE LA EVOLUCIÓN URBANA DE MOTRIL
HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVIII
Se ha
escrito que cuando Motril fue conquistado por las tropas de los Reyes Católicos
era un recinto amurallado de unas 50.000 varas cuadradas. Seria aproximadamente
lo que hoy conocemos por el casco antiguo de la ciudad y cuyo centro geográfico
estaría situado en el llamado “solar de
la villa”, posteriormente plaza Mayor y hoy plaza de España o del
Ayuntamiento. A extramuros y seguramente sin cercar, se extendían los arrabales
de Al-Manjón y Al-Coruch, al oeste y norte del núcleo central, y al NE estaba
el barrio de Jandara o del Pozuelo. El núcleo amurallado acogería a la
población más poderosa social y económicamente y arrabales y barrio serían el
lugar de residencia de pequeños agricultores, jornaleros, algunos artesanos,
trabajadores de los ingenios de azúcar, etc. La muralla musulmana que rodeaba
el núcleo central fue derribada por orden de la Corona en 1499 ante el temor de
una sublevación mudéjar. Pedro Tros de Ilarduya, cronista local de fines del
siglo XIX, describe la villa al final de la época musulmana: “Motril era un recinto amurallado con dos
puertas y dos postigos, encierra dos plazuelas, veintidós calles estrechas y
tortuosas, tres mezquitas y varios baños e ingenios”.
En 1510 el procurador,
Pero Gómez de Rada, decía que esta villa tenía 190 vecinos, unos 760
habitantes, era un núcleo de población muy inseguro y que había un sitio de 70
casas en las cuales se apartaban los cristianos viejos, cercándose a casa-muro
en caso de ataque. En 1528 se inician las obras de construcción de una nueva
muralla a cargo de vicario Gonzalo Hernández de Herrera, encerrando entre sus
muros un perímetro urbano muy parecido al que hubo en época musulmana con dos
puertas (Granada y Castil de Ferro) y dos postigos (Beas y Toro). El
crecimiento urbano viene delimitado, por lo tanto, por las necesidades de la
defensa. En el último tercio del siglo XVI existían tres plazas: Mayor, de
Armas y la plaza del Convento de la Victoria; siete calles principales y 19
calles secundarias, callejas y callejones. Las casas principales tenían dos
plantas habitables y una tercera, llamada “galeón”
que se usaba como secadero o almacén, abierta con una galería de arcos de
medio punto. Las viviendas más pobres eran de una sola planta y un pequeño
corral posterior.
El crecimiento demográfico y urbano comenzado en las dos últimas décadas del siglo XVI, se continúa aceleradamente a lo largo de la centuria siguiente, como se deja ver claramente en las numerosísimas peticiones de vecindades, solares y licencias para construir nuevos edificios que aparecen en los libros de Actas Capitulares del Ayuntamiento. Para 1657 hay ya 1.200 vecinos, unas 4.800 personas. Esto se debió a que las condiciones económicas eran bastante más favorables, especialmente por el gran desarrollo del cultivo cañero que va a ocupar casi toda la vega y la construcción de nuevos ingenios azucareros más grandes y que necesitan mayor cantidad de trabajadores. La localidad va a doblar su población en apenas 10 años, lo que supone un proceso de urbanización acelerado que cambia radicalmente la imagen urbana del Motril del siglo XVI. En el núcleo central, llamado “cercado de la villa”, se van a ocupar todos los solares, corrales y huertas existentes, pronto no va a quedar un solo espacio vacío e incluso el Concejo se ve en la necesidad de denegar peticiones de licencias de construcción de edificios, porque algunos peticionarios pretendían, incluso, construir sus viviendas cerrando algunas de las calles principales. Para 1614 conocemos como se había extendido el entramado urbano motrileño.
Las zonas
ocupadas por las edificaciones eran las siguientes:
Cercado de
la villa
Desde la
puerta de Castil de Ferro, muralla abajo, ingenios y toda la calle de la
Carrera hasta san Antón y por la rambla y la acequia hasta la citada puerta
Desde el
postigo del Toro, recorriendo el ingenio de la Palma y san Roque, rambla del
Manjón abajo, hasta salir de nuevo a postigo del Toro.
Desde el
postigo de Beas, rambla arriba saliendo a la calle Nueva y por la rambla de san
Antón al ingenio del Rey y de ahí a la calle del Matadero, subiendo de nuevo al
postigo de Beas.
El cercado o
núcleo amurallado que incluía la Iglesia Mayor, la plaza Mayor, el edificio del
Ayuntamiento, cárcel, alhóndiga, carnicería, mercado, hospital, pósito,
convento de la Victoria y 200 casas, seguía siendo la principal zona de
residencia de la oligarquía urbana, dueños de ingenios, propietarios de tierras
y comerciantes, aunque ya se observa cierta tendencia de estos grupos a
desplazarse hacia la nueva zona urbana de levante, menos cerrada y con mejores
edificios. Así en este siglo se va a configurar el aspecto urbano de Motril,
siendo en esta época cuando se crean las, aun hoy, principales vías que ponen
en contacto los diferentes elementos urbanos:
La calle de
la Carrera pone en comunicación el núcleo central con el barrio de Capuchinos.
La calle de
las Cañas que pone en contacto la ciudad de este a oeste y es la vía de entrada
desde el exterior más importante.
La calle de
la Muralla une el norte con el sur.
La calle de
San Francisco que es la entrada al núcleo urbano principal de la ciudad desde
el camino de Salobreña
El siglo
XVIII, según en Catastro del Marques de la Ensenada de 1752, la ciudad tiene 7.364 habitantes, incluidos
seglares y clérigos de Motril y sus anejos y los 12 vecinos reales de la alquería
de Pataura y significa
urbanísticamente la creación de nuevos barrios como el de las Angustias, San
Antonio, Nuevo y Monsú. La calle Nueva, abierta urbanísticamente en el siglo
anterior, se va a convertir en el eje principal de la ciudad, con lo que el
centro social, económico y comercial de Motril abandona definitivamente la
plaza Mayor, que queda para la política y el culto, para trasladarse a la zona
comprendida entre la calle de la Muralla, hoy de los Catalanes, y la mencionada
calle Nueva. La muralla, una vez desaparecido el peligro pirático, empieza a
verse como un obstáculo al crecimiento urbano, acordándose definitivamente por
el Concejo en 1747 su derribo y entregando sus piedras a los Jesuitas que
pretendían levantar una iglesia junto a su colegio.
Y en este
contexto, queremos examinar la ciudad desde la propiedad de las casas en estos
años del siglo XVIII, usando para ello las respuestas generales y particulares
del citado Catastro de Ensenada.
Casa de retiro del convento de la Cartuja de Granada. Estaba en la actual calle Cartuja y se conservó, modificada, hasta los años 90 el siglo XX.
En la
pregunta 22 del Interrogatorio General que hace el Catastro, se responde por
los declarantes que Motril tenía 1.600 casas, 60 arruinadas y hechas solares,
12 inhabitables y 19 casas de campo. En cambio en las respuestas particulares
se recogen un total de 1.882 edificios, ya que aquí si se reúnen con un sentido
fiscal todos aquellos edificios que podían dar alguna renta; es posible por lo
tanto, estudiando pormenorizadamente las respuestas particulares de los
vecinos, que podamos afirmar que la ciudad en 1752 tenía 1.699 edificios de
viviendas particulares, 91 eran
cocheras, ruinas, corrales, solares o sitios inhabitables y, además, otros 92
edificios considerados en el Catastro como indústriales:
6 alfarerías
3 boticas
4 mesones
1 pastelería
1 tenería
1 confitería
1 platería
5 tiendas de paños
6 tiendas de mercería y especiería
24 tiendas de verduras
9 tabernas
2 hornos de pan
3 bodegones
3 molinos harineros
4 molinos de aceite
2 ingenios reales
2 trapiches de azúcar
11 casas de blanqueo de azucares
2 fábricas de cuajar quebrados
2 almadrabas de fabricar tejas y ladrillos
No se
recogen aquellos edificios de titularidad o uso público, militar o eclesiástica
que están exentos de contribución tales como:
3 Conventos de frailes (Mínimos, Franciscanos y
Capuchinos)
1 Convento de monjas (Nazarenas)
4 Oratorios (Tres en las puertas de las murallas y el
de San Felipe Neri)
1 Colegio (San Luis de Gonzaga. Jesuitas)
1 Seminario menor (San José. Jesuitas)
1 Escuela pública
5 Iglesias (Iglesia Mayor, las tres de los conventos
de frailes y el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza)
5 Ermitas (San Antonio, Nuestra Señora del Carmen,
Nuestra Señora de las Angustias, San Sebastián y San Nicolás)
1 Hospital (Santa Ana)
1 Casa-Ayuntamiento
1 Cárcel real
1 Pósito
1 Casa de la matanza
1 Carnicería
1 Lonja
1 Casa de comedias (Exenta al ser declarada Real Casa
de Comedias)
1 Casa de la Tercia
1 Casa aduana
1 Casa posta real
1 Casa de correos
1 Alhóndiga
2 Cuarteles
5 Torres costeras
1 Almacén de la sal
1 Casa en las salinas
1 Almacén junto a la torre del Varadero
1 Torreón junto la Iglesia Mayor (Torre de la Vela)
1 Torre-cubo junto a la puerta de Castil de Ferro
(Torre de Santiago)
2 Torres arruinadas de las antiguas murallas
1 Casa lavadero
1 Baño antiguo morisco ruinoso en parte incorporado al
hospital
1 Casa de retiro del convento de la Cartuja de Granada
1 Fábrica de salitre (Propiedad de la Iglesia Mayor)
Las 19 casas
de campo no se contemplaban como urbanas y sí que aparecen incluidas en las
propiedades de la tierra.
Los 1.786
edificios que el Catastro consideraba como sujetos a contribución, ocupaban una
superficie total de 218.001 metros cuadrados, atendiendo a los 19.792,75 metros
de fondo y 11.014,18 metros de frente. La renta total estimada era
aproximadamente de 364.110,58 reales de vellón, ascendiendo solamente los
alquileres a 133.232 reales.
La
proporción entre frente y fondo es de 35,73% correspondiente al frente y 64,24%
al fondo; esto nos daría una ciudad, como señalan algunos cronistas
decimonónicos, de casas con plantas bastante irregulares, de calles realmente
estrechas y sinuosas, fachadas de poca o escasa extensión y fondos más
profundos que seguramente se solaparían entre ellos; es decir, un típico
urbanismo heredado de época musulmana y que poco se había modificado con el
paso de los siglos, si hacemos la excepción de la zona este y sureste de la
población de más moderna construcción donde sí que había algunas calles más
anchas y rectas. No se cita en el Catastro, al describir las casas, la
existencia de edificios de pisos, aunque seguramente habría bastantes.
Esta es una
sucinta evolución de la historia urbana de Motril hecha a grandes rasgos, pero
que puede ayudar un poco a saber como cambió nuestra ciudad a lo largo de estos
siglos de la Edad Moderna.