Obituario
A Ernesto
Negros crespones ocupan nuestra alma,
rabia ahogada, se fija en nuestra mente,
luto ingrato, que ahogas nuestra calma,
lágrimas amargas por un joven inocente.
Padre entregado, a sus hijos, a su esposa,
a un trabajo muy esmerado e importante,
hoy su ausencia nos pesa como una losa,
que nos hubiera aplastado en un instante.
¿Cómo seguir viviendo sin su presencia?
¿Cómo saber lo que pensaba y quería?
¿Cómo suplir de un plumazo su ausencia?
¿Cómo seguir viviendo en cada día?
Sólo nos queda aprender de su desgracia,
y evocarlo con alegría, en el pensamiento,
expresarnos tranquilo, como si su gracia,
estuviera en nosotros, en todo momento.
Que allí donde esté, contemple orgulloso,
su obra maestra que dejó en el suelo,
sus hijos creciendo, cultos y hermosos,
su amada esposa detrás, dándoles consuelo.
La vida sigue, hagámosla entre todos,
más dulce y hogareña, más agradable,
sólo así podremos vivir de otro modo,
y soportaremos mejor, su falta innegable.
Con todo mi amor
José Manuel García Villarán
10-04-08





