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  • A ERNESTO CON MOTIVO DE SU TRÁGICA MUERTE EL DÍA 07-04-2008 A LAS 7 DE LA TARDE

     

    Obituario

    A Ernesto

    Negros crespones ocupan nuestra alma,

    rabia ahogada, se fija en nuestra mente,

    luto ingrato, que ahogas nuestra calma,

    lágrimas amargas por un joven inocente.

    Padre entregado, a sus hijos, a su esposa,

    a un trabajo muy esmerado e importante,

    hoy su ausencia nos pesa como una losa,

    que nos hubiera aplastado en un instante.

    ¿Cómo seguir viviendo sin su presencia?

    ¿Cómo saber lo que pensaba y quería?

    ¿Cómo suplir de un plumazo su ausencia?

    ¿Cómo seguir viviendo en cada día?

    Sólo nos queda aprender de su desgracia,

    y evocarlo con alegría, en el pensamiento,

    expresarnos tranquilo, como si su gracia,

    estuviera en nosotros, en todo momento.

    Que allí donde esté, contemple orgulloso,

    su obra maestra que dejó en el suelo,

    sus hijos creciendo, cultos y hermosos,

    su amada esposa detrás, dándoles consuelo.

    La vida sigue, hagámosla entre todos,

    más dulce y hogareña, más agradable,

    sólo así podremos vivir de otro modo,

    y soportaremos mejor, su falta innegable.

    Con todo mi amor

    José Manuel García Villarán

    10-04-08

  • A Pepe Aguado

    Por Gaspar Esteva Rodríguez

    JOSÉ AGUADO

    Existe un refrán popular que solemos aplicar a todo aquel cuya vida se estira más allá de lo normal o habitual: «bicho malo nunca muere».

    Lo que parece deducirse de dicho proverbio es que el bicho bueno muere antes. O que la maldad es más duradera que el bien. Que los recuerdos desagradables y negativos quedan durante más tiempo en el recuerdo, etc..

    Hoy despedimos a un hombre bueno, irrepetible, cuya bondad ha sobrevivido casi un siglo. Un hombre que nace al comienzo del turbulento y violento siglo XX, con la primera guerra mundial a los pies de su cuna, con su estrenada juventud envuelta en una guerra cruel -como todas las guerras- y civil, ensayo despiadado del gran corolario que fue la segunda guerra mundial.

    Jose Aguado -don Jose, como aludía el entrañable cura Ignacio Peláez al comienzo de su funeral-, a pesar de todo ello, era como esas palomas de la paz que se posan con su mirada inocente entre las cenizas de la maldad, portando en su pico una ramita de cordialidad, dulzura y buen humor.

    A pesar del refranero, reivindico la durabilidad de la bondad, no solo como un recuerdo sostenible, sino como una manera y forma necesaria para afrontar todo conflicto con el que tengamos que enfrentarnos. La generosidad de personajes como Pepe Aguado es el asunto que debiera ser el más recurrente para nuestra sociedad.

    Resulta preocupante que dediquemos horas a debatir o discutir los comportamientos indeseables de personajes tipo Barcenas o Urdangarin u otros similares y dediquemos escasos segundos a memorar la vida de aquellos, cercanos o lejanos, cuya dedicación, profesionalidad, ética, etc, son un ejemplo a seguir por todos.

    Aquellos que protagonizan hechos reprobables deben ocupar en nuestras vidas el tiempo necesario para eliminar de nuestro consciente e inconsciente cualquier atisbo de imitación. Y ni un segundo màs.

    Aquellos que han utilizado la calidez humana como herramienta de relación, el optimismo como escudo frente a la adversidad, la bondad como carnet de identidad, la ética como técnica profesional, deben permanecer como referente imprescindible y como tema de conversación hasta que sus valores calen a través de los poros de nuestra endurecida y escéptica piel.

    En Motril tenemos, gracias a Pepe Aguado, la inmejorable oportunidad de alterar el refrán y poder afirmar que «¡las personas buenas, por el bien de la humanidad, nunca mueren¡». Y cuando lo hacen, nunca las olvidamos, las emulamos…

     

     

  • A la memoria de Manuel Jimenez Mendoza, maestro nacional y antiguo alumno del colegio de D. Federico Gallardo del Castillo

    MANUEL JIMÉNEZ MENDOZA

    OBITUARIO

    JOSE LÓPEZ LENGO
     

    El pasado 3 de marzo fallecía en Motril a los 80 años de edad, D. Manuel Jiménez Mendoza, maestro nacional jubilado que ha permanecido ligado durante muchos años al colegio Cardenal Belluga, centro en el que ha formado a cientos de generaciones de motrileños y alma mater de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de D. Federico, institución que todos los años por el mes de agosto dedica un sentido recuerdo a su añorado preceptor. Nuestro colaborador José López Lengo, amigo personal de Manuel y compañero de infancia, en nombre del citado colectivo ha querido dedicarle desde EL FARO la despedida que personalmente no pudo ofrecerle, haciéndola extensible al resto de compañeros que por desconocimiento no pudieron estar presentes en el funeral.
    De todos es conocida, sentida y llorada la marcha definitiva de Manuel Jiménez Mendoza, «Manolo» en la amistad y compañerismo, hacia más Alta Ventura, el día 3-4 del corriente mes de marzo. El multitudinario sepelio puso de relieve las simpatías con que contaba en su pueblo natal.
    El próximo sábado, 16 de marzo, a las 19,30 hrs, se celebrará en el Santuario de nuestra Patrona, la Virgen de la Cabeza, el funeral en sufragio por su alma. Allí volveremos a concurrir, en presencia personal o virtual, cuantos deudos y amigos hemos gozado de sus virtudes temporales y sobrenaturales, para interceder por él con nuestra plegaria más fervorosa.

     

     

     

    Exalumos del colegio de D. Federico

    Manuel Jiménez Mendoza había nacido en Motril el día seis de febrero de 1933 en el seno del matrimonio que forman Tomás Jiménez y Marina Mendoza, ambos naturales de Capileira. Manolo era el tercero de los hijos habidos y único varón, pues antes le habían precedido las niñas Amalia y Mercedes. D. Tomás estableció su domicilio en la calle Cruz de Conchas y abrió un establecimiento comercial en Motril donde nuestro buen amigo ayudaba a su padre en las gestiones y actividades del día. Manuel ingresó en la Escuela de D. Federico Gallardo del Castillo, a los 6 años de edad, hace 74 (un mes antes de terminar la guerra civil). Tras cursar la enseñanza secundaria y estudiar por libre en Granada accedió por oposición al cuerpo del Magisterio Nacional. Su primer destino fue la escuela del Ave María enclavada en la barriada de Santa Adela, continuando su labor docente en Almuñécar, las escuelas nocturnas de Salobreña y las clases para analfabetos de la fábrica de Celulosa. Finalmente consigue destino en la escuela de Chite (Granada), donde permanece cuatro años hasta que es trasladado a Motril, al colegio «Cardenal Belluga», donde tras una dilatada etapa docente se jubila. Ocasionalmente y siguiendo la estela de su padre, Manuel ejercerá también labores de agente comercial en la rama de alimentación..

    En 1983, fue miembro de la Comisión de Antiguos Alumnos, organizadora de los actos anuales conmemorativos de D. Federico (Misa y comida de hermandad), junto con Eloy Robles Pérez, Paco Alonso Lobatón, Alfonso Fernández Olvera, Eduardo Romano Camacho y Luis Palomares Román. Al desaparecer Eloy Robles, primer encargado de coordinar y organizar dichos actos, asumió esta responsabilidad «Manolo», quien, siempre, en los postres de la comida pronunciaba, con su peculiar gracejo y honda emoción, unas palabras en recuerdo del eximio Maestro, hasta que en 2012, la larga y penosa enfermedad que venía padeciendo le obligó a hacer la convocatoria por teléfono y le impidió la presencia en ellos, disculpándose mediante un sentido escrito que leyó el ex alumno José Carrasco Bengoa. Acto seguido, los compañeros Francisco Guardia Martín y Domingo López Fernández, en nombre de todos los demás le ofrecieron un entrañable homenaje en su domicilio, y los mismos, en el velatorio y sepelio, han dejado un testimonio de condolencia en representación de sus condiscípulos del colegio de D. Federico.

    ¡Amigo «Manolo», a la par que Angelitas, tu esposa, e hijos, Manolo, Miguel Ángel y Mari Ángeles te tendremos siempre presente en el recuerdo!